Analistas

Economía y paz

¡La democracia habló! Por difícil que a algunos nos parezca y ajeno a la realidad del país, debemos vivir con la compleja idea de que le dimos la espalda a quienes buscaban en la refrendación de los acuerdos un futuro diferente, alejado del ruido de los cilindros bomba y de los recuerdos latentes de crímenes que marcarán para siempre sus mentes y las tristes páginas de la historia de Colombia. 

Superado el mal sabor que dejó el triunfo del No, independiente de si las estrategias fueron correctas, no podemos dejar de pensar en el impacto que este tipo de decisiones tienen de manera directa y real en nuestra economía. Los efectos de esta decisión no se miden en una semana, pero la forma en que asumimos los retos como país sí nos definen como una sociedad inmadura, individualista, egoísta y mezquina, que además da muestras de las razones por las cuales nuestra economía es tan solo “flor de un verano”, sin que nosotros, los colombianos, busquemos dar pasos para avanzar en algún aspecto. 

A pesar del intento del presidente Juan Manuel Santos de aplazar las exigencias de la Ocde para que Colombia siquiera pueda ser tenida en cuenta para hacer parte de esta organización. Esta semana los titulares de prensa nos informan el inicio del trámite de una “reforma tributaria”, que ya no solo busca cumplir con las reglas fiscales que se recomendaron por la Ocde, sino que a corto plazo busca obtener recursos para el cada vez mas lejano posconflicto. Acudiendo a la solución más obvia y sencilla: generar ingresos para el quebrado estado colombiano a través del recaudo impositivo. 

Este ha sido el Gobierno de la torpeza económica, de la austeridad de las selfies y de la solución a los cese de actividades con chequera. Tan poco recurrente es la planeación de la economía de este Gobierno que lo único que se nos ha ocurrido es vender activos y pretender cargar de impuestos a los ciudadanos que actúan como dinamizadores de la economía sin ningún otro plan, no es casualidad que grandes empresas se hayan ido del país y otras en sus planes ya tengan proyectada la salida ante la incertidumbre que generan los palos de ciego que está dando “el mejor estadista de Colombia”, porque con el perdón de quienes así lo consideran: “hechos son amores”.  

Seremos un país que vivirá quebrado sino buscamos otras fuentes de generación de riqueza. Desde este espacio siempre he tratado de levantar la voz para que miremos de frente nuestra inmensa biodiversidad y los grandes recursos que tenemos. Si tan solo hiciéramos inversiones para generar conocimiento aplicado que se traduzca en la producción de patentes de calidad que traigan desarrollo económico y oportunidades, tal vez dejemos de impactar la agenda global de forma negativa y seamos reconocidos por lo que verdaderamente somos. 

Pero a pesar de la realidad, no hacemos sino darle la espalda al verdadero desarrollo. Así como le dijimos No a la terminación del conflicto, le decimos No a nuestras verdaderas oportunidades de progreso, lo que nos debe llevar a cuestionarnos la forma en que estamos eligiendo a nuestros líderes y queda más que suficientemente demostrado que por ahora no existe uno solo de ellos -que en su mayoría son herencias de poder- que haya demostrado tener una visión de país lo suficientemente amplia que nos permita sacar al país del ostracismo económico y social al que ellos mismos nos han condenado por su propia incompetencia. 

Pero no podemos olvidar querido lector y pretender buscar culpables en terceros, que el mayor problema lo creamos nosotros mismos al no reflexionar sobre el impacto de elegirlos y quedarnos enfrente del televisor, indignados por redes sociales o solo manifestándonos cuando no hay nada que hacer, cometiendo los mismos errores a la hora de votar y esperando diferentes resultados cuando son terceros los que libran batallas que por naturaleza nos corresponden afrontar y ganar.