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Analistas 01/06/2021

Golpe de Estadio

Germán Eduardo Vargas
Catedrático/Columnista

El deporte más popular siempre incorporó división política y estratificación. Duque quiere “ponernos la camiseta” (14/5/2021), y los ingleses abortaron el brexit futbolístico.

Tal como los gobiernos corporativos y multilaterales hacen con los ciudadanos y la economía, los entes del fútbol instauraron una plutocracia que explota a la hinchada y desnaturaliza al deporte. Antes de la Superliga europea, sumaron a la Eurocopa la Nations League, emigró la pretemporada (International Champions Cup, por ejemplo), deslocalizaron la Supercopa española, ampliaron la Intercontinental a Mundial, y alteraron más tradiciones o símbolos (camisetas, por ejemplo).

Ahora, el presidente eterno del Real Madrid, sinónimo de monarquía, combatió al monopolio Uefa-Fifa con una guerrilla elitista. Auspiciado por JPMorgan apeló al separatismo del Barcelona, compartiendo cartel con clubes que tenían pasado obrero o fueron expropiados por fondos soberanos, bolsas de valores e inversionistas gringos, quienes capitalizan hasta las competencias más ridículas del planeta.

Abogaba por un torneo con equipos “buenos”. Contrasentido, Real Madrid usufructuó la dictadura franquista, y abusa de su posición dominante para distorsionar la meritocracia. De hecho, acumula éxitos en Champions League con ayuda, jugando “mal” o sin clasificarse como campeón de Liga o Copa local.

Tal como el PIB del capitalismo financiero-tecnológico erosiona la equidad y sostenibilidad, los taquilleros superhéroes maquillan con efectos especiales el empobrecimiento del séptimo arte, y nada garantiza que los “galácticos” brillarán: Hazard y James, por ejemplo, son exfutbolistas sin espíritu aficionado ni sentimiento de pertenencia.

Paradoja, el nacionalismo de los equipos chicos y las barras bravas resucitó a las reaccionarias Fifa-Uefa: presuntas avengers que nunca defenderán el fair play, incorporando redistribución de ingresos y límites salariales.

Fracasada la Superliga china, la Champions League se define con un “clásico” inglés: petrodólares rusos versus asiáticos. Entretanto, con 20% del presupuesto del Real Madrid, Villarreal evitó la supremacía británica en Europa, usando recursos que provienen de la economía “real” (cerámica). Contraste su hazaña con la quiebra o el fiasco de los fundadores de la Superliga europea.

Añorando la versión criolla, el narcofútbol, las sustancias psicoactivas y el vicio del juego patrocinan a Dimayor-FCF, que piratearon los injustos torneos “cortos” y promedios de descenso; sumaron mediocres partidos y títulos, entre Liga y Copa, y multiplicaron los fracasos internacionales.

Qatar, donde violan derechos humanos para construir un Mundial, renunció a la Copa América por la pandemia, “jeque” mate; Conmebol también obligó a jugar Libertadores contra los lacrimógenos, y nuestro Gobierno pidió aplazamiento “no por las protestas” (20/5/2021). Cínico, espera que los indignados, portando la camiseta de la corrompida Selección Colombia, terminen su batalla campal “conmocionados” por el Golpe de Estadio (Sergio Cabrera, 1998).

Carlos Antonio Vélez, Marocco, Casale, Andrea Guerrero, Liche Durán, Javier Fernández, Hernández Bonnet y Puccetti, disfrutan prerrogativas sobre los trabajadores de la salud y educación. Absurdo. Las aberrantes preocupaciones e histriónicas intervenciones de ese “periodismo”, lucen tan “estrelladas”, insustanciales y desconectadas de nuestra realidad, como las demás ramas del poder, y el mundo del fútbol.