Analistas

Por un Estado regional con autonomía

Se predica con absoluto determinismo que Colombia es un país de regiones, sin embargo, tal realidad no se traduce en un Estado estructurado bajo ese enfoque ni en normas jurídicas que así lo sustenten, por el contrario, las regiones están sometidas a los intereses sordos de un modelo centralista que las ve como entes minusválidos incapaces de actuar por sí mismos.

El único destello de reconocimiento se observa cuando se las exhibe como orgullo nacional cuando se alcanza un logro sorprendente o como muestra de nuestra variedad cultural, geográfica, social y geoestratégica.

Es esta -y no otra- la razón fundamental de nuestro subdesarrollo y de las profundas inequidades regionales. En uno de sus ensayos, William Ospina manifiesta: “Si Panamá, Ecuador y Venezuela no se hubieran separado, Panamá estaría como el Chocó, Ecuador como el Putumayo y Venezuela como La Guajira”.

Y no es que esté de acuerdo con nuevas separaciones del territorio nacional, por supuesto que no, pero a propósito de la nueva Ley de Regalías me viene a la mente las siguientes imágenes, no sin antes profesar el mayor de mis respetos al Presidente Ricardo Martinelli y mi querida hermana República.

Se imaginan al Presidente de Panamá (quien sería el noveno gobernador de la región Caribe, en caso de no haberse dado la separación), haciendo fila ante Planeación Nacional y el ministro Juan Carlos Echeverry para presentar su Órgano Colegiado de Administración y Decisión (OCAD) y sus proyectos para ver si la suprema voluntad centralista se los aprobaba.  

Esto representa para las regiones el ingreso al mundo del trámite excesivo, cuando lo que ellas piden es un mínimo de respeto a su autonomía, tal como lo ordena la Constitución de 1991.

Creo que ya es suficiente, que hemos llegamos al límite de lo tolerable debido a que dejamos que nos promovieran una Ley de Ordenamiento Territorial que burla los intereses de las regiones y la opinión pública no se pronunció con determinación, por eso y por varios asuntos más es que apelaremos al pueblo para que, por sí mismo, decida sobre el modelo de Estado que le estamos proponiendo.

Se trata de un Estado regional para un país de regiones, pero con autonomía. El centralismo no puede seguir siendo la fórmula que resuelva la exigencia constitucional de combinar el Estado unitario con la autonomía de las regiones. Eso pertenece al pasado, a la Constitución de 1886, ya superada.

En este sentido, la autonomía que proponemos es que en materia de competencias, al nivel central solo le corresponda atribuciones relacionadas con las Fuerzas Armadas y el orden público, las relaciones internacionales, la política macroeconómica y todos los asuntos cuya naturaleza demande estrictamente del poder central.

Entre tanto, las regiones tendrían atribuciones en materia de salud, educación, vivienda, vías, turismo, agroindustria, pesca marítima y fluvial, minas, etc. Y sobre los recursos económicos, invertir la proporción del presupuesto nacional correcta, es decir, que de los 168 billones que hoy contempla las arcas nacionales, les corresponda, a las regiones, el manejo directo del 60% y al nivel central el 40%, por disposición constitucional, solo modificable previo referéndum popular.

Naturalmente, las regiones que se conformen estarán reconocidas jurídicamente, por voluntad propia, pero en la ley fundamental deberá quedar clara la estructura de la que gozarán, esto es, instituciones regionales con plena capacidad legislativa: un parlamento regional unicameral y su respectivo gobierno regional, con jurisdicción sobre los departamentos que se unan. Y en el orden nacional, reducir notablemente el número de miembros del Senado o cámara de representación territorial.

Independientemente de la crisis financiera de la España de hoy atizada por la crisis financiera internacional, su modelo regional autonómico históricamente ha representado prosperidad para todos.

Manuel Fraga y Felipe González fueron los líderes que impulsaron la autonomía en el país europeo, y al decir de éste último, “el saldo de la descentralización ha sido tan bueno que explica el dinamismo especial de la economía española y de su proceso productivo” (El País, Madrid, junio 19 de 2008).

En Colombia muchos han pedido la palabra y se la hemos concedido, pero ahora nos toca el turno a nosotros, ¡a las regiones!