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Uber y la locomotora tecnológica

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En las últimas semanas la policía de Bogotá realizó retenes para inmovilizar los carros que operan con la aplicación Uber. 

 Las autoridades se basaron en los decretos 172 y 174 de la Presidencia, que establecen los tipos de servicios que podrán ser catalogados como transporte especial de pajeros. La Secretaría de Movilidad de Bogotá no considera que Uber pertenezca a este tipo de transporte.     

En Uber los usuarios registran sus tarjetas de crédito, cancelan los servicios a la empresa y no al conductor.  La aplicación en la actualidad funciona en más de 60 ciudades del mundo, está valorada por más de US$4.000 millones y reportó ingresos en 2013 por encima de US$1.000 millones. 

Su impacto ha generado polémica en los conductores de taxi en el mundo. Bogotá se suma a la lista de ciudades que prohibieron el funcionamiento de la aplicación. Por ejemplo, en Bruselas y Barcelona las organizaciones gremiales de taxistas ganaron disputas legales que denunciaban la falta de regulación y la competencia desleal que propiciaba la entrada de Uber. Sus denuncias se resumían en cuatro puntos: 1). Los conductores carecen de la certificación profesional en el taxismo y de una licencia de circulación (en Colombia conocido como “cupo”); 2). Los nuevos conductores prestan servicios  sin responder a las necesidades contractuales, exonerados de responsabilidades en siniestros; 3). Tampoco pagan impuestos específicos para la actividad del taxista; 4). Sus usuarios no se rigen por las tarifas reguladas, sino por los precios establecidos por la aplicación.

 Los agentes locales de Uber responden a estas denuncias argumentando que ellos no son una empresa de transporte, sino una plataforma de software diseñada para establecer contactos para el transporte.  En la capital circulan alrededor de 50.400 taxis. Muchos vehículos tienen dos conductores y más de un propietario. El perfil más común es el taxista bachiller, entre 32 y 62 años, estrato dos, que responde económicamente por 3 personas, arrendatario de vehículo que paga $60.000 diarios al dueño y que trabaja entre 12 y 14 horas diarias. Según la Fundación Ciudad y Transporte, el taxismo en Bogotá atraviesa por cambios abruptos propiciados por las nuevas tecnologías, lo cual traerá implicaciones sociales profundas.

 El gremio de los taxistas es  frágil, pero con gran relevancia económica a nivel local del que dependen más de 100.000 familias de forma directa, y que en estas condiciones no puede competir con las empresas trasnacionales de tecnología. Para responder  a las demandas de los usuarios por un mejor servicio y a la vulnerabilidad del gremio, es indispensable implementar programas de capacitación y de profesionalización, en colaboración con las empresas y el Estado.  

Uber y sus defensores afirman que el negocio se enfoca únicamente en usuarios VIP con servicios especiales, pero las aplicaciones de taxi que se popularizaron rápidamente en la ciudad, como Tappsi, Taxis Libres y Easy Taxi, han venido desplazando gradualmente a  las tecnologías tradicionales.  No es posible asegurar que en un futuro los carros de Uber no compitan con los taxis, porque el pago del transporte público individual, a través de tarjetas de crédito en línea, puede masificarse como el nuevo esquema de solicitud. Es posible que  se presente un escenario de competencia asimétrico por la falta de regulación y la guerra del centavo “online”. 

Uber tiene el respaldo financiero suficiente para encarar las disputas legales que adelanta en varias partes del mundo. Lo que puede tratarse de una aventura de negocios para jóvenes empresarios de la tecnología, puede desplazar a miles de personas de sus puestos de trabajo y favorecer la fuga de capitales de economías emergentes.

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