Intriga saber cuáles fueron las verdaderas razones para que la Gran Bretaña decidiera separase de la Unión Europea con base en un voto popular que se manifestó, no una vez en el referendo, sino nuevamente con la elección de Boris Johnson a finales de 2019. Dicho y hecho el 31 de enero de este año se oficializó la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea después de 47 años de sociedad. La verdad, la debacle anunciada por algunos no ha sucedido y los supermercados se encontraban abastecidos hasta la semana pasado que se vieron arrasados por el afán de acaparamiento que está provocando el coronavirus.

Después del referendo se argumentó que se trataba de una ola xenofóbica para impedir que siguieran migrando a la isla los europeos occidentales y que los jóvenes no votaron y, por tanto, fue una decisión que tomó la población mayor, pero el triunfo de Johnson dejó en claro que querer separarse de la Unión Europea era un sentimiento compartido por una mayoría. Los británicos no querían someterse más a los dictámenes de la burocracia de Bruselas y deseaban autonomía, como si ajustarse a las normas de la Unión fuera una camisa de fuerza que le impedía avanzar. No es así sorprendente que la decisión de desgravar los artículos de higiene femeninos, que no se había podido lograr por la norma europea, haya sido celebrado como un gran triunfo de la independencia.

Hay razones que van mas allá de las conocidas que llevan al pueblo británico a esta ruptura y estas tal vez tienen raíces históricas como bien lo señala un documental de la BBC sobre el reinado de Enrique VIII. Enrique era casado casado con Catalina de Aragón, hija de Fernando e Isabel, los Reyes Católicos, y él a su vez un devoto católico sometido, como todos los reinos de Europa a la voluntad de la Santa Sede y del Papa.

Por decirlo de alguna manera El Vaticano era el eje articulador de una Unión Europea, más política y religiosa que económica. Fue la argumentación contenida en un libro de William Tyndale, “La Obediencia del Hombre Cristiano”, cuyo argumento central era que un Rey debería ser gobernante de su propia nación y no el Papa, lo que finalmente convenció al rey Enrique a romper marras con el Papa y de paso con la Europa católica. Fue la justificación para la constitución de un “Imperio” independiente con la consolidación de un Estado-Nación y el fortalecimiento del Parlamento que contó con la dirección de Thomas Cromwell.

Ese Brexit de 1535 le permitió a esta nación ser independientes e inclusive consolidar su propia iglesia bajo la dirección del monarca. No fue este sisma parte del movimiento protestante de Luthero, si bien posteriormente el protestantismo ejerció una enorme influencia en el “Church of England”, sino una declaración de independencia y soberanía que marcó la historia británica como un imperio independiente. Ese sentimiento bien lo expresó un titular de prensa en los años 70 del siglo pasado (antes de existir el túnel que une la isla con Europa) cuando ante una tormenta que impedía la navegación de los ferrys, anuncio categóricamente: AISLADO EL CONTINENTE. En la mente de los británicos, tanto en la época de Enrique VIII como ahora, quien queda aislado es Europa y no esa pequeña isla enclavada en el mar del norte.