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Analistas 28/01/2021

Desarrollo sostenible en las islas

Mucho se ha hablado de la reconstrucción de San Andrés y Providencia tras el paso del huracán Iota, y otro tanto de hacerlo bajo un modelo sostenible, teniendo en cuenta los recursos de este privilegiado paraíso colombiano. Y no es para menos; hay que pensar en ese modelo por tratarse de la reserva marina del Seaflower, ubicada en el archipiélago, declarada por la Unesco, en el año 2000, como la Reserva de la Biosfera más grande y diversa del mundo, que antes del paso del huracán había sido insuficiente para preservar sus ecosistemas, amenazada por la intención de hacer prevalecer el desarrollo económico representado, por ejemplo, por la exploración y explotación de hidrocarburos y la construcción de grandes obras de infraestructura, descuidando el medio ambiente y el patrimonio histórico, natural y cultural.

Ante este panorama, y ya pasados unos días, tras los que no se ha vuelto a escuchar mucho sobre el tema, es de cuestionarnos si ya perdimos el interés por ayudar al archipiélago. Parece que a estas alturas del año las ayudas ya no llegan de la misma manera, y es probable que muchas se hayan quedado en buenas intenciones, y aunque el turismo, tras un “acto generalizado de solidaridad”, se ha ido reactivando, las cosas aún no se han resuelto porque ya no hace parte de los titulares noticiosos. Otra pregunta es si realmente el nuevo modelo sostenible que se plantea logrará un equilibrio entre los tres pilares de la economía circular, desde lo ambiental, lo social y lo económico. ¿Existe una real intención entre nativos, gobierno y empresarios de generar el cambio que la isla y sus habitantes necesitan desde lo sostenible? Sin duda, es el momento justo para migrar hacia un modelo económico circular en el archipiélago, como lo hicieron Ámsterdam y Tasmania. No es imposible y, contando con los recursos para hacerlo, es cuestión de buena voluntad. Ojalá este “borrón y cuenta nueva” al que nos ha llevado la naturaleza, nos haga más conscientes de nuestras actuaciones para emprender una reconstrucción en armonía con el medio ambiente, la sociedad y la economía de este maravilloso lugar. Esto implica que se aborde desde un enfoque sistémico y con la participación de todos.

La reconstrucción de un turismo cada vez más sostenible que valore los recursos con que cuentan estas islas, no solo es trabajo “aislado” de raizales y del sector hotelero. Hay que desarrollar una cultura turística que valore y proteja los recursos, y atraer un turista más sensible.

“Restauremos el Archipiélago”, es un programa de dos entidades bogotanas que bajo la modalidad de donaciones busca desarrollar esta iniciativa, que daría un giro muy interesante como nación, en términos de sostenibilidad. La propuesta apunta a que con los recursos obtenidos, y la vigilancia y el acompañamiento de la Unión Europea, se trabaje en 8 frentes clave para la recuperación de las islas y la reactivación del turismo como principal actividad económica del lugar.

La transformación de la biomasa a partir del material que dejó el paso del huracán para compostaje, la siembra de árboles, la recuperación de humedales, manglares y corales, el aprovechamiento y transformación de los residuos, el rediseño de la seguridad alimentaria a través de la construcción de zoocriaderos de especies nativas, huertas urbanas y estrategias con pescadores de la región, el desarrollo sostenible de la infraestructura para vivienda y la sostenibilidad energética de la mano del sector hotelero, y un óptimo aprovechamiento del recurso hídrico, hacen parte de este magnífico proyecto. Un plan ambicioso; quienes conocemos la isla sabemos que hay con qué y hasta más. Esto se puede lograr con la buena voluntad de todos. San Andrés, una isla hermosa que nos acostumbramos a contemplar en medio de desechos de todo tipo, y Providencia un lugar mágico que podemos llevar a otro nivel y convertirnos en referente de sostenibilidad en el mundo.