.
ALTA GERENCIA No es suficiente ser solo productivos
sábado, 1 de noviembre de 2014
La República Más
  • Agregue a sus temas de interés

Fernando Albán Díaz del Castillo

Escuchar hablar a los líderes sobre los diferentes factores que consideran fundamentales en el éxito que han tenido al frente de sus organizaciones, siempre será una enriquecedora experiencia de la que podemos tomar importantes elementos para afinar nuestro propio liderazgo. Aunque cada líder tiene una manera diferente de pensar, así como un estilo y las que considera sus propias fórmulas de éxito, todos tienen en común que guían personas, que aquellos que los siguen siempre tienden a emularlos y, como consecuencia de lo anterior, que las empresas que dirigen, terminarán siendo un reflejo de ellos mismos.

De ahí que uno de los factores más importantes del liderazgo, se relacione profundamente con el ejemplo que damos en cada uno de nuestras actuaciones y muy especialmente cuando se trata de reforzar los valores y creencias de una organización. Si como líder, en mi empresa promulgo, que los colaboradores y clientes deben ser tratados con respeto, dignidad y justicia, los ojos de toda la organización estarán confrontando permanentemente mis actuaciones frente a esos principios y sería lamentable que al final del día, unos u otros concluyan que esos valores, tan elegantemente expuestos, son solo parte de la decoración de la empresa.

Lo anterior va de la mano con la capacidad que deben tener los líderes para controlar sus emociones, reaccionar adecuadamente frente a las distintas circunstancias que se les presentan y su capacidad para de reconocer y subsanar los errores que hayan podido cometer. Kevin Roberts, CEO de Global Saatchi & Saatchi, dice que los líderes deben tener fuego en el estómago y hielo en la mente para no dejarse llevar por las emociones, especialmente cuando tienen que tomar decisiones importantes y posponerlas cuando se encuentran alterados.

En el último Foro de presidentes de empresas, tuve la oportunidad de escuchar la intervención de Sylvia Escobar, presidente de Terpel y lo que ella tiene de especial como líder, frente a muchos otros, es su increíble capacidad de contagiar el entusiasmo y amor por la empresa que dirige. Al escucharla, creo que no había un solo participante en la sala que no quisiera, de alguna manera, formar parte de lo que ella sueña que será su organización en unos pocos años. Todo aquel que se considere líder, debe ser capaz de despertar ese sentimiento en sus seguidores, porque es la manera como más fácilmente se puede conseguir que cada individuo deje de lado sus intereses particulares y se comprometa con el logro de los objetivos colectivos de la empresa.

Un rápido vistazo por las revoluciones exitosas del mundo nos lleva a concluir que un factor fundamental de las conquistas alcanzadas estuvo fundamentado en la creación y manejo de del lenguaje, que es un elemento primordial en la transformación del pensamiento. El líder que consigue construir un enfoque diferente a partir de empleo de las palabras y términos que sintetizan el objetivo que persigue, necesariamente alcanzará las metas que se propone.

Muchas veces al pensar en cómo son y actúan los líderes, podemos imaginar a individuos que permanentemente están hablando; pero la realidad es que un líder debe desarrollar su capacidad de escuchar y a la vez generar la confianza suficiente para que su equipo, en todo momento, pueda expresarle lo que piensa y está sucediendo en las diferentes áreas de la empresa, aquello que funciona y lo que no. Quienes generan temor entre sus subordinados a expresar las dudas, ideas y comentarios que tengan, sencillamente navegan a ciegas y sin enterarse de lo que realmente sucede en su entorno inmediato. Carecen de objetividad y no se benefician de las ideas y aportes de quienes están a su lado.

Lorenzo Servitje, fundador de Bimbo, decía: “Buscamos ser una empresa altamente productiva y plenamente humana” de donde se desprende el título de esta nota; la diferencia entre la sola productividad y esta y su complemento humano, la establece el líder, que con su ejemplo y su lenguaje convence, con su espíritu entusiasma y con su habilidad compromete. Aquel a quien su gente sigue y apoya por convicción, es en quien podemos reconocer al verdadero líder.