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ALTA GERENCIA

Liderazgo basado en valores

lunes, 18 de marzo de 2013
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Fernando Albán Díaz del Castillo

Una de las más grandes preocupaciones que tenemos como miembros de esta sociedad, es la acelerada pérdida de valores a la que nos vemos enfrentamos a diario, que parte de la crisis de la familia, como célula social y se empodera en la cultura del dinero fácil, heredada de las malas prácticas políticas, que nos han afectado siempre y más recientemente del narcotráfico.

El capital humano que está a la disposición de las empresas y que hoy se selecciona a través de sofisticados procesos, proviene precisamente de esta sociedad que ha sido permeada, en casi todos sus niveles, por intereses que van en contra de los principios éticos fundamentales. Cómo recuperar los valores, tal vez sea la clave para nuestra supervivencia como sociedad y para recobrar la confianza en nuestras instituciones públicas y privadas, perdida en medio de escándalos como el del “carrusel de la contratación” y el de Interbolsa, hasta hace poco, la más grande y prestigiosa firma comisionista del país.

Los seleccionadores de personal se quejan del incremento que han tenido en su trabajo, no porque estén seleccionando más gente, sino por el número de candidatos que deben evaluar, antes de encontrar a uno que, además de los conocimientos y experiencia requeridos, comparta los principios y valores de la compañía.

Pero el fenómeno no afecta solo a Colombia; en muchas partes del mundo surgen escándalos que arrastran al abismo a quienes fueron reconocidos como exitosos líderes, empresarios modelo y hasta deportistas estelares como Lance Armstrong, hoy despojado de todos los títulos que obtuvo, al comprobarse que sus triunfos se fundamentaron en el dopaje. Como bien dice Jim Wallis en su libro, Redescubriendo los valores, “tal parece que en el camino perdimos algo, olvidamos algo básico, como nuestros antiguos y más importantes valores”. La experiencia demuestra que el éxito basado en prácticas antiéticas, es efímero, brilla por un momento y arrastra a una oscuridad perenne.

El liderazgo basado en valores, surge entonces como una alternativa para cimentar el cambio de cultura que requerimos con urgencia; ya no se trata solo de capacitar al talento humano para desarrollar sus habilidades y destrezas, también se hace necesario trabajar en la formación en valores de todos los empleados, buscando su crecimiento personal. Los valores que vemos enunciados y exhibidos en las recepciones de las empresas, al lado de la misión y visión, deben ser interiorizados y compartidos por todos y deben convertirse en la brújula que guíe todo el accionar de la compañía.

Le corresponde a la alta dirección comprometerse y dar ejemplo en todo momento de la forma como jefes y subalternos deben ceñirse a los valores definidos para la organización. Por ejemplo, no es posible que si se enuncia el respeto, como uno de los valores fundamentales, en alguna dependencia de la compañía, se esté tratando de manera injusta al personal.

En medio de tantas discusiones administrativas y financieras, es recomendable hacer un alto en el camino para redefinir y hacer claridad sobre qué es y qué representa el éxito para la compañía, cuáles son las metas y cuál debe ser el propósito del trabajo; qué esperamos de los trabajadores como individuos y de ellos como empresa. En medio de tanta zozobra moral, es importante una voz que reoriente nuestro accionar y haga claridad sobre lo que es correcto y lo que definitivamente no lo es; de tanto andar en medio de culturas permisivas, los valores terminan por desfigurarse con facilidad.

Lo que importa es cómo se llega a la meta
Indudablemente el ejemplo cunde y los valores pueden proveer un contexto ideal que facilite y promueva el accionar independiente de los trabajadores. En un esquema de liderazgo basado en valores, el desempeño no solo mira los logros alcanzados por cada empleado, el cómo se consiguieron las metas, puede ser determinante a la hora de la evaluación. Irene Rosenfeld, gerente general de Kraft Food, comenta que en su compañía, un trabajador puede ser despedido, a pesar de demostrar un alto desempeño, por la forma como obtuvo sus resultados.

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