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Muchas transformaciones digitales fracasan no por falta de herramientas, sino debido a la falta de conversaciones
La discusión empresarial sobre inteligencia artificial suele comenzar por la tecnología: qué herramienta comprar, qué proceso automatizar, qué modelo implementar o qué proveedor contratar. Sin embargo, esa conversación, aunque necesaria, es incompleta. La pregunta decisiva para las organizaciones no es únicamente qué tan poderosa será la IA, sino quién la orientará, con qué propósito, bajo qué criterios éticos y con qué capacidad de aprendizaje institucional.
Un artículo reciente publicado en Behavioral Sciences por Zárate-Torres et al. (2025), investigadores del Cesa y de la Pontificia Universidad Católica del Perú, plantea una idea sencilla pero decisiva para las juntas directivas y los comités ejecutivos: el liderazgo es el puente que permite que la inteligencia humana y la inteligencia artificial trabajen juntas. El estudio invita a dejar de ver la IA como un reemplazo del juicio humano y a entenderla como una colaboración híbrida. Los algoritmos aportan velocidad y eficiencia; las personas, criterio, contexto, sensibilidad ética y experiencia.
La IA detecta patrones y anticipa riesgos, pero ver más rápido no siempre es comprender mejor. El estudio revisó 408 publicaciones y seleccionó 323; su principal hallazgo es que seguimos hablando de IA y liderazgo por separado, y poco de su articulación cotidiana en las organizaciones.
Por eso, la pregunta del management no debería ser solo "qué podemos automatizar", sino "qué debemos gobernar mejor". Un sistema puede sugerir una decisión eficiente y, aun así, equivocarse frente a la cultura de una organización, la realidad de un equipo o las consecuencias humanas.
Kouzes y Posner (2017) recuerdan que liderar es modelar el camino, inspirar una visión compartida, desafiar procesos, habilitar a otros y alentar el corazón. En tiempos de IA, esto exige explicar para qué se adopta la tecnología y qué valores no se negociarán en nombre de la eficiencia.
Muchas transformaciones digitales fracasan no por falta de herramientas, sino por falta de conversación. Como sugeriría Luhmann (1998), las organizaciones viven de sus comunicaciones: cuando la IA entra sin una narrativa clara, aparecen ruido, rumores y desconfianza.
Morin (2001) ayuda a mirar este reto desde la complejidad. Boaventura de Sousa Santos (2010) recuerda que no todo conocimiento valioso cabe en una sola racionalidad. En la empresa, el dato importa, pero también la experiencia, la memoria institucional y la voz del cliente.
La gobernanza de la IA exige supervisión humana, explicabilidad y formación ética. Floridi (2019) insiste en que una IA confiable requiere reglas, transparencia y responsabilidad. La decisión apoyada en IA no elimina la responsabilidad humana; la hace más exigente.
La IA puede elevar la calidad del management si las organizaciones entienden que no están comprando futuro: lo están construyendo. Sin líderes capaces de orientar su uso, la tecnología amplificará vacíos, sesgos y silencios.
La ventaja competitiva no estará solo en tener mejores sistemas de IA. Estará en formar líderes capaces de poner la tecnología al servicio del propósito, la productividad al servicio de la dignidad y la innovación al servicio de la confianza. Esa es también una de las preguntas que hoy orienta buena parte de la investigación del Cesa: cómo formar líderes capaces de integrar tecnología, criterio y responsabilidad. Donde el liderazgo sea débil, la IA puede acelerar errores; donde sea consciente, puede fortalecer la inteligencia colectiva.
El management del futuro será híbrido: deberá integrar velocidad con criterio, automatización con responsabilidad y datos con humanidad. La IA no reemplaza la obligación de pensar; la vuelve más urgente. Y en esa urgencia, el liderazgo recupera su papel esencial: ser la conciencia estratégica de la organización.