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RESPONSABILIDAD SOCIAL El caso de la garantía de compra en el café
viernes, 4 de abril de 2014
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Dajibys Martínez Anaya - dsmartinez@larepublica.com.co

Así, la disposición a pagar el café por parte de la Cooperativa todos los días del año en efectivo y a un precio de mercado, es un importantísimo beneficio social que reciben más de 500.000 caficultores de todo el país. La Federación Nacional de Cafeteros a través del sistema cooperativo opera más de 500 puntos de compra en todo el territorio nacional.

Hace unos meses el punto de compra de la cooperativa de Pueblo Rico tuvo que cerrar por espacio de 49 días. Inmediatamente el precio del café al que estaban dispuestos a pagar los comerciantes en el pueblo cayó 12%. Los productores que no estaban de acuerdo con el precio que les ofrecían los intermediarios se veían obligados a transportar su café a Apía, el municipio más cercano, incurriendo en costos equivalentes a 4,000 pesos por arroba. Estos costos de transporte también pueden variar sustancialmente entre diferentes municipios cafeteros, de tal forma que tener un punto de compra cercano a las fincas es crucial para los caficultores de todo el país.

El café se diferencia de otros productos agrícolas de Colombia que están sujetos a los precios a los cuales estén dispuestos a pagar los comerciantes en las centrales de abastos, por lo que no es extraño que muchos opten por comercializar sus productos en carreteras y peajes. Los cafeteros han resuelto este problema de los excesivos márgenes de los intermediarios desde hace décadas gracias al servicio de la garantía de compra de la Federación. Esta política, lejos de buscar comprar la totalidad de la cosecha, tiene como objetivo que los comerciantes locales enfrenten una competencia con base en precios conocidos que reflejen la realidad diaria del mercado. Es por esta razón que el gremio cafetero publica todos los días los precios de referencia del café en diferentes mercados regionales que reflejan las cotizaciones del grano y la tasa de cambio de cada día. Para hacer efectiva dicha política y que no se quede en un simple enunciado hay que estar dispuestos a comprar al precio publicado, facilitando los recursos a las Cooperativas y de esta manera empoderando a los caficultores para que tengan un piso de negociación en las transacciones que se llevan a cabo en casi 600 municipios cafeteros.

Este ingenioso modelo fortalece la competencia y el mercado, corrigiendo los costos de transacción en que incurren los pequeños productores agrícolas a la hora de vender su producto: el costo de conocer el precio real, el costo de acceso a pago de contado y los costos de transporte. Es evidente que, como en el caso de los caficultores, entre más pequeño sea el monto de café vendido mayores son los costos de transacción como proporción de la venta y mayor es su vulnerabilidad frente al comprador. De hecho, la disciplina de la economía institucional justifica ampliamente este tipo de intervenciones en el mercado cuando los costos de transacción son elevados, lo que implica que el mercado es desbalanceado y es necesario corregir sus fallas. Es la dura realidad que viven millones de productores agrícolas de Colombia y de otros países que no disponen de un mercado cierto para sus productos con costos de transacción e información de mercado razonables y que los economistas de escritorio simplemente ignoran.

La presencia de la Federación en el comercio interno de café obviamente genera detractores que pierden rentas cuando se genera competencia en centenares de mercados locales. En otros países los comerciantes locales de café, conocidos como los “coyotes”, definen unilateralmente sus márgenes transfiriendo una proporción reducida del precio internacional al productor. Pero, como bien lo dice el caficultor de Pueblo Rico José Noel Castaño al imaginar un escenario donde no existiese la garantía de compra para el café:si la Cooperativa nos la llegan a cerrar algún día se puede ir la caficultura a pique, porque llegan los oportunistas a bregar a comprar el café barato”.  Es simplemente el reflejo de la sabiduría rural que valora una política de responsabilidad social en el comercio del café, que lejos de ser intervencionista se apalanca precisamente en el mercado.