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OPINIÓN ¿Qué nos ha dejado el TLC Colombia - EE.UU. tras cinco años?
jueves, 22 de junio de 2017
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En el lado positivo tal vez lo único que cabe resaltar es que al menos el populismo, que ha campeado en la región (especialmente en Brasil y Argentina), no se ha manifestado en Colombia bajo la forma de echarle la culpa a dichos TLCs de la pérdida de potencial en materia de crecimiento económico y de estancamiento evidente en nuestra productividad. 

No, la culpa ha sido plenamente local por el atraso en implementar la llamada agenda interna (anunciada en 2002), lo cual nos ha dejado con un elevado “Costo Colombia”, llevándonos inclusive en 2017 a retroceder de la posición 51 a la 54 a nivel global en materia de competitividad.

 Los flujos comerciales entre Colombia y Estados Unidos no se dinamizaron con la entrada en vigencia del TLC en 2012, lo cual contrasta negativamente con lo ocurrido en México, ver gráfico 1. Ha sido común culpar al fin del superciclo de commodities de dicho estancamiento comercial de Colombia y expiar las culpas en la decadencia de Venezuela y Ecuador; pero la verdad es que escasean los análisis serios mirando los obstáculos micro-competitivos que han impedido aprovechar no solo ese TLC con Estados Unidos, sino también el TLC con Europa que entró en vigencia en el 2013. Anif ha querido contribuir en este frente a través de hacerle un detallado seguimiento a nuestra competitividad internacional por tipo de TLC y su impacto sectorial (ver Informe Semanal No. 1358 de abril del 2017).

 Nótese que las exportaciones colombianas hacia Estados Unidos se contrajeron del pico de US$23.200 millones en 2012 a solo US$10.000 millones en 2017 (-57%). Más aun, las exportaciones no tradicionales cayeron de US$4.900 millones a US$3.800 millones (-21%) durante ese período. A su vez, las importaciones FOB decrecieron de US$12.700 millones a US$11.400 millones en los últimos cinco años (-10%). 

Como resultado de lo anterior, Colombia ahora exhibe un déficit comercial con Estados Unidos del orden de US$1.400 millones (equivalente a 0,5% del PIB), lo cual resulta una paradoja histórica, pues antes del TLC manteníamos una balanza comercial superavitaria con los Estados Unidos.

 En estos malos resultados comerciales para Colombia han influido: i) el deterioro de los términos de intercambio, tirando abajo la estantería minero-energética, que llegó a representar un 77% del total exportado; ii) las dificultades de homologación aduanera y sanitaria, especialmente en productos alimenticios; y iii) el elevado “Costo Colombia” (sobrecostos laborales, energéticos, de transporte y logísticos). Así, el problema del mal desempeño que ha tenido el TLC con los Estados Unidos radica en no habernos preparado adecuadamente para lo que es simplemente una buena oportunidad de profundización comercial, la cual no se da de forma automática, sino que depende de las ganancias en nuestra productividad multifactorial.

 En síntesis, es evidente la necesidad de avanzar en reformas transversales que permitan reducir el “Costo Colombia” y así poder aprovechar nuestros TLCs. En particular, debe trabajarse en: i) repensar la estructura arancelaria de cara a la productividad de toda la cadena de mercado sectorial; ii) el fortalecimiento de las entidades a cargo del comercio exterior del país (Dian, Invima, Policía Aduanera); y iii) la implementación de la figura de Operadores Económicos Autorizados (OEA) para poder avanzar en logística exportadora.

 Esperemos que la reciente constitución del Consejo Empresarial Colombia - EE.UU., resultante del encuentro Trump-Santos de mayo de 2017, se convierta en un espacio de liderazgo del sector privado. La meta debe ser alcanzar metas de diversificación y profundización exportadora antes de 2022, de tal manera que en ese entonces tengamos resultados que sí se puedan celebrar.