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EDITORIAL Por un Congreso admirable
martes, 1 de julio de 2014
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Los congresistas tienen el reto histórico de recuperar el nombre de la Corporación y eso solo se hace trabajando.

Pasado el guayabo mundialista y a pocos días para la instalación del nuevo Congreso de la República, que regirá los destinos de las leyes del país entre 2014 y 2018, es necesario que la política vuelva a estar en la agenda nacional como tema obligado. A los senadores y representantes muchas veces se les olvida que son uno de los poderes del Estado, el legislativo, y que cuentan con la fuerza para reformar lo que no funciona en Colombia de la mano con el ejecutivo y obviamente avalado por las Cortes que representan el poder judicial. Solo si los tres poderes trabajan mancomunadamente por un mejor futuro, mayor prosperidad, más igualdad social y bienestar generalizado, la Colombia que queremos dejará de ser una utopía que siempre la extravían los intereses individuales de la clase política.

El próximo 20 de julio se posesiona el nuevo Congreso de la República, muchas caras nuevas, muchos espíritus renovados y algunos políticos regionales de la clase política tradicional. El Congreso es quizá la institución colombiana más desprestigiada a la cual han accedido verdaderos delincuentes en cuerpo entero y en otras ocasiones, los elegidos han representado oscuros intereses de narcotraficantes, guerrilleros, paramilitares, contrabandistas y toda clase de delincuentes que buscan amañar leyes para su beneficio. Tal vez en esta nueva edición del Congreso colombiano hay un poco de todos ellos, pero también hay gente muy honesta, de gran probidad personal y profesional, en un escenario en donde sí cabe el raído comentario de ‘los buenos son más’. Ojalá esta vez las manzanas buenas logren regenerar a las podridas.

La conformación de las comisiones son claves para que las reformas, que la gran coalición de Gobierno proponga, pueda hacer los trámites necesarios y así lleguen los ajustes políticos, sociales y económicos que el país necesita. Las comisiones económicas son el corazón en este proceso, el país necesita de una verdadera reforma a la salud, entre otros, de una estrecha vigilancia a los tratados de libre comercio y una observancia suprema a los ‘lobistas’, que siempre ocupan un peso específico a la hora de confeccionar leyes que benefician a todos, pero perjudican intereses particulares de gremios de la producción.

El Ejecutivo puede mostrar resultados fehacientes en varios frentes, como los avances sólidos hacia la paz, o tal vez como las buenas cifras de macroeconomía, es un momento especial para que en este Congreso, en donde hay excelentes individuos, se empiece a construir un balance excelente al cabo de sus cuatro años. El país merece un Congreso admirable como en los muy viejos tiempos en donde los intereses eran de índole nacional, no particular.

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