lunes, 8 de julio de 2019

México, Chile, Colombia y Perú deben tomarse más en serio el espacio abierto por en la Alianza del Pacífico, un grupo de cooperación que debe avanzar en logros reales para el comercio

EditorialLR

Hablar de tratados comerciales entre países ya no está de moda, pero sigue siendo el único tema ausente en una región como Latinoamérica, compuesta por países complementarios y competitivos a la vez que deben avanzar en el libre comercio como eje fundamental del desarrollo. Terminó sin mucho ruido la cumbre de la Alianza del Pacífico en Perú, en cuya declaración final decidieron incluir el apoyo deliberado al libre comercio como piedra fundamental para ir en pos de una integración más profunda que brinde resultado.

Es un camino distinto ante el surgimiento del proteccionismo en muchas partes del mundo debido a la pugna comercial entre China y EE.UU.; por tanto, reafirmar el apoyo al libre comercio no puede ser un canto a la bandera sino un verdadero compromiso para el futuro. El pasado sábado, los presidentes de Chile, Colombia, Perú, y el canciller de México firmaron la llamada “declaración de Lima” en el marco del cierre de la XIV Cumbre de la Alianza del Pacífico, marcada por la defensa del libre comercio y el respeto al medio ambiente. Es fundamental que ante el surgimiento del proteccionismo la Alianza reafirme su posición frente al libre comercio de tal manera que unifique una posición regional. La Alianza del Pacífico representa 37% del Producto Interno Bruto de América Latina y el Caribe, concentra 52% del comercio de la región y atrae 45% de la inversión extranjera directa. Los cuatro países concentran una población de 225 millones de personas, lo que se convierte en un espacio muy atractivo que genera atracción a nuevos mercados. Ecuador ha reiterado su interés de ser parte del bloque y fue invitado especial. A la idea nacida en 2011 la acompañan 57 estados en calidad de observadores. También participan países como Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Singapur que se han postulado para convertirse en Estados asociados.

La Alianza ha madurado desde lo privado y hoy cuenta con un consejo empresarial, una comisión interparlamentaria y un comité de ministros de economía, que han avanzado en la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas. El gran problema es que los gobiernos de turno no se la juegan por este tipo de iniciativas que no son nuevas en la región. Hemos visto languidecer a la Comunidad Andina, al llamado G-3, al Alca y otras iniciativas que nacieron con similares intensiones pero no pelecharon en el tiempo. Existen otros grupos en el continente como Mercosur o Caricom, con vínculos geográficos, pero no han llegado a ser verdaderas alternativas de libre comercio. Lo distinto de la Alianza del Pacífico es que tiene una fuerte componente empresarial y que es una integración que nació sin burocracia y con un aroma financiero y de bloque empresarial, en su interior se empezó a forjar el Mila y se les dio aire a las multilatinas, pero los cambios de gobiernos en los distintos países no han dejado avanzar. Hay una visión hacia 2030 que se debe reforzar para convertirse en la principal plataforma de integración comercial en América Latina, profundizar los acuerdos comerciales y de cooperación con otros bloques y países. Por ahora, el verdadero reto es convertirse en un “Mercado Regional Digital” que incorpore tecnologías de la información y comunicación en sus procesos productivos, es decir ser un espacio de cuarta revolución industrial.