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EDITORIAL Nada peor que hacer populismo con el mínimo
lunes, 30 de noviembre de 2015
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Si no se logran poner de acuerdo los sindicatos y los empresarios con un incremento razonable, preparémonos para un IPC de dos dígitos

Mañana comienza el último mes de 2015, un año lleno de dificultades económicas para el Gobierno central ocasionadas por los bajos precios internacionales del petróleo, la incertidumbre por el Fenómeno de El Niño, los altos costos de la energía y una escalada del dólar que acentuó la devaluación del peso; todas las anteriores situaciones le pasaron la cuenta de cobro a la variación de los precios, en particular a la de los alimentos y algunos servicios. La cifra de crecimiento económico ha sido revisada a la baja en varias oportunidades desde comienzos del segundo semestre y se ha dejado en 2,8%, por parte de la mayoría de las instituciones financieras, las de investigación y la banca multilateral; mientras que, por parte del Ejecutivo hay un ligero optimismo que sube esa cifra a 3,2%, siendo el porcentaje más alto de los países del vecindario y muy representativo entre los mercados emergentes. Mucho de lo que pase este último trimestre con el consumo y el comportamiento de la construcción, será determinantes para que el comportamiento del PIB.

Esta semana se finiquitarán los preparativos de las centrales obreras y de los gremios económicos de la producción para sentarse, bajo el arbitraje del Ministerio de Hacienda y de Trabajo, para acordar el alza del salario mínimo para la vigencia 2016. Las variables a tener en cuenta para el incremento, son las que son y el comportamiento no se puede ocultar ni desconocer. Si la mesa tripartita de negociación habla de inflación esperada, más productividad, así debe ser. Aunque el terreno de discusión esté abonado por la polémica que genera el comportamiento inusual de la inflación que se salió de todos los pronósticos y está casi tres puntos por encima de la meta puesta por el Banco de la República hace un año, de máximo 4%. Las bases de la fijación del salario mínimo están dadas y no deben prestarse o flexibilizarse para hacer oposición política. El incremento del salario mínimo es un asunto de máximo cuidado económico y no debe hacerse populismo con su negociación. Recordemos que no solo representa un alto porcentaje en los costos laborales, sino que es el indicador usado para las alzas en las infracciones de tránsito y demás sanciones a las que se ven expuestos todos los colombianos en su diario.

Hablar de un incremento del salario mínimo de entre 8% y 12% es grotesco y sería un error monumental hacerle juego a esta propuesta por las connotaciones económicas y por las expectativas de precios que esto genera. La inflación del nuevo año arrancaría muy alta y entraríamos en los años siguientes a nuevamente pelear para mantener el costo de vida de los colombianos por debajo de un dígito. Esta discusión salarial para 2016 es crucial y debe haber conciencia nacional, de lo contrario preparémonos para luchar nuevamente contra un Índice de Precios al Consumidor por encima de dos dígitos.

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