martes, 31 de marzo de 2020

A ninguna generación anterior le ha tocado luchar contra una pandemia y un inminente frenazo económico, una situación extrema que requiere recetas económicas diferentes

EditorialLR

Lo primero que hay que aceptar es que atravesamos por un momento extraño de la historia que ha llevado a las sociedades y a las economías a situaciones extremas que requieren soluciones extremas. Los estragos que está generando el Covid-19 en el inexistente sistema sanitario mundial han obligado a los países a adoptar estrategias dignas de economías en tiempos de guerra, con la gran diferencia de que este enemigo es invisible y se fortaleció por la incredulidad o negación de su existencia, al tiempo que se había robustecido la idea de que las sociedades actuales no solo eran autosuficientes, poderosas y ricas sino inmunes a virus dignos de países tropicales y subdesarrollados. Las enseñanzas que nos dejan estos tiempos saltan sobre la mesa, pero aún no se ven fórmulas, recetas, diseños económicos para enfrentar el segundo semestre del año y recuperar un tiempo perdido.

Al Covid-19 venido de Wuhan en China, se le ha sumado en el camino la guerra de precios del petróleo desatada por árabes y rusos, todo un coctel que le va a pasar una factura millonaria a la economía colombiana que aún es la que más crece en la región y que seguramente también será de las mejor libradas, por el simple hecho de que casi todos los sectores económicos son dominados -una fortuna que nadie destaca- por empresas locales que invierten, generan empleo formal, pagan impuestos y que por lo general gastan sus utilidades y dividendos en el país. La banca en Colombia es dominada por locales, al igual que la producción de alimentos, la construcción, las cementeras, y por qué no, las empresas celulares, pues en dos de las tres dominantes hay capital público. Esta realidad hace que la negra coyuntura se empiece a desvanecer solo si los gobiernos nacional, locales y regionales empiezan a diseñar un gran plan maestro para no dejar que la economía colapse, tal y como lo pronostican algunos gremios y otros analistas.

Se necesitan grandes ideas y romper con paradigmas ortodoxos como puede ser mantener a raja tabla la regla fiscal, que por cierto ha sido muy flexible por situaciones internas como el posconflicto, la migración venezolana y ahora el Covid. Es urgente que el Ministerio de Hacienda antes de dos semanas borre y haga de nuevo las metas pues en estas condiciones es muy difícil cumplirlas. El Consejo Gremial debe tomar el toro por los cuernos y plantear fórmulas y soluciones, pues la situación está sobrediagnosticada. No podemos seguir pidiendo recursos públicos a dos manos porque el presupuesto nacional es muy escaso y no se puede frenar la inversión social, ni mucho menos la infraestructura. Está en las manos del Consejo Gremial convocar a los empresarios, los emprendedores, las universidades privadas y otras fuerzas vivas para dar ideas que no dejen frenar en seco el país, pues las consecuencias serían nefastas para las próximas generaciones.

Lo primero que debemos aceptar es que no atravesamos por momentos ordinarios, que este un auténtico “cisne negro” en términos de Taleb y que debemos dar saltos cuantitativos y cualitativos para poder salir adelante. Los empresarios tienen un arsenal de buenas ideas e intenciones para hacer que este momento sea de quiebre y de reinvención, pero para empezar alguien tiene que liderar una nueva hoja de ruta; el Gobierno Nacional está haciendo lo propio, pero es el sector privado el que ahora debe ser más activo.

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