sábado, 27 de julio de 2019

El valor de marca país generado por los ciclistas es enorme, al igual que el de otros deportistas que ponen el nombre de Colombia y su bandera en las gestas deportivas mundiales

EditorialLR

Los productos más asociados al nombre del Colombia en el mundo globalizado que vivimos son: café, ciclismo y música; esto por el lado bueno y constructivo, mientras que por el lado oscuro la imagen se ve manchada por la violencia y el narcotráfico. El objetivo de todos y cada uno de los colombianos interesados en construir país, formar Nación y desarrollar la economía, no debe ser otro que avanzar en la buena imagen internacional, dar a conocer nuestros productos de exportación y hacer que se identifiquen los valores propios en todos los rincones del mundo. Hay ejemplos de éxito recientes en el vecindario como puede ser la cocina peruana, el desarrollo económico chileno o la calidad de vida de los costarricenses o uruguayos. Colombia debe aprovechar el talento silvestre de los deportistas para construir una mejor marca país y apalancar esa imagen buena en detrimento de la mala; y esa punta de lanza no es otra que el ciclismo, un deporte que no divide pasiones, que enorgullece y que triunfa sin mucha ayuda estatal, pero sí con un apoyo tradicional, definitivo y determinado de la empresa privada que se la ha jugado desde hace mucho tiempo por patrocinar competencias, subsidiar equipos ciclísticos e invertir en publicidad en eventos deportivos de esta exitosa disciplina que no para de brindarle alegría a un país que se ha acostumbrado a sufrir. Sin duda este 2019 que ya se encamina a los últimos cinco meses está marcado por las gestas deportivas de los tenistas que ganaron Wimbeldon y el puñado de ciclistas que han hecho ondear banderas colombianas en las carreteras europeas, no solo como simples participantes sino como ganadores indiscutibles. Bien por los deportistas, bien por las empresas y los medios de comunicación que han apostado sin reparos por sus batallas en las canchas y en las carreteras del mundo.

Puede ser la variedad de climas, el rebelde relieve, la comidas o simplemente las carencias las que han formado desde hace muchas décadas varias generaciones de ciclistas que no dejan de sorprender al mundo. Los pedalistas colombianos han ganado todas las competencias élite del mundo destacándose entre los mejores; hoy son invitados indiscutibles en las competencias de primer nivel y los equipos se disputan un corredor colombiano entre sus filas; hechos que hablan del éxito y que han atraído a miles de aficionados que no solo encienden televisores y radios a la hora de las competencias, sino que llenan de banderas colombianas las carreteras europeas escenario de gestas deportivas otrora esquivas para los latinoamericanos. Pocas dudas quedan que Colombia es ciclismo, café y música, productos de exportación que emergen de manera silvestre en cada rincón de Colombia y que deben ser más dinamizados por el Gobierno Nacional a través de políticas públicas enfocadas a mejorar y dominar en nuevas actividades deportivas y la llamada “economía naranja”. El deporte es una nueva mina inagotable de buena marca país y de exportación; los ciclistas son ese ícono nacional que no solo han desarrollado un pujante sector en la movilidad, al tiempo que han puesto de moda la práctica del ciclismo como deporte aficionado, que sumados han dinamizado el comercio de las bicicletas. Colombia atraviesa por un momento de oro del deporte, lo que obliga a reflexionar sobre el papel que debe jugar el Estado en su desarrollo y crecimiento.

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