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EDITORIAL Los aranceles no deben ser permanentes
viernes, 24 de enero de 2014
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El Ministerio de Comercio no debe volver sobre la protección y mirar en detalle lo que está pasando con la industria.

Como un mecanismo para proteger a la industria, el gobierno ha decidido extender por dos años más (hasta 2016), el arancel para la importación de confecciones y calzado desde aquellos países con los que Colombia no tiene firmados tratados, que en palabras claras y sencillas se concentra en China. La idea es que esos sectores productivos nacionales tengan la posibilidad de competir con los precios irrisorios de las prendas y zapatos que vienen desde oriente.

Las medidas adoptadas por el gobierno merecen análisis para saber si en realidad están siendo favorables sobre la industria o se han convertido en un instrumento de acomodo para comerciantes e industriales quienes mantienen intactas las cifras de entrada ilegal de mercancías. Cuando se toman medidas administrativas como aumentar los aranceles, el contrabando se hace más rentable pues el diferencial de precios termina favoreciendo al comercio ilegal. Las disposiciones adoptadas no producen efecto alguno en contra del contrabando, sino un desgaste en los mecanismos de control, e incita a prácticas dolosas. 

La elevación de los aranceles implica un sobrecosto al producto importado que lo pagan los consumidores y le permite a los industriales locales subir los precios en una proporción similar al gravamen al producto foráneo. Así, una medida de este tipo debe tener un tratamiento de choque y en función de la ocurrencia de distorsiones temporales y en ningún momento volverse permanente. Pero el asunto va más allá. Todo indica que ahora las importaciones parecen no estarse haciendo en productos terminados, zapatos y prendas, sino de materias primas a precios  irrisorios y la industria se está dedicando a maquilar, cuyo impacto sobre el empleo es marginal y de baja calidad. La duda que surge es si merece mantener el esquema sin resultados evidentes en términos de desempeño de la producción, ventas y el mismo empleo.

Las cifras del Dane muestran que a los ocho meses después de la entrada en vigencia, los datos del sector confección mostraron un saldo negativo: caída del empleo de -5,8%, PIB en -6,1% y las ventas en 0,6%. Cifras similares se observan para el calzado. El comportamiento de los datos de la industria señala pérdida de la capacidad para competir no solo a nivel internacional, sino local. 

Es claro el atraso tecnológico, los problemas en capital de trabajo y la poca ayuda de la tasa de cambio como instrumento compensatorio. Una primera tarea a hacer sería la revisión de los casos de países como Perú en confecciones y Brasil en calzado, debería ser una acción básica para saber exactamente lo que ha pasado en nuestro país en actividades que un día fueron muy promisorias, pero que desafortunadamente solo se quedaron en eso. Ojo Ministerio de Comercio, que es el mismo de la Industria.

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