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EDITORIAL La luz verde a Chevron y de paso, a Maduro
miércoles, 18 de mayo de 2022

Estados Unidos necesita volver a comprarle petróleo a Venezuela, por causa de la guerra en Ucrania, y autorizó a Chevron a hacerlo posible, pero le da un nuevo aire al chavismo

Editorial

Nada más elocuente que el pragmatismo estadounidense en tiempos de conflictos. El gobierno demócrata necesita bajar la inflación, estabilizar los precios y ponerle un torniquete al petróleo caro y ha decidido retomar la compra de crudo venezolano para hacerle frente a la carestía causada por la guerra en Ucrania y las consecuentes sanciones impuestas a Rusia, uno de los dos mayores exportadores de petróleo y gas. Para lograr ese objetivo y bajar el costo de vida, le ha dado licencia a la multinacional, Chevron, para que se siente a negociar con el régimen de Nicolás Maduro.

Puede ser un portazo al gobierno colombiano, que se la jugó a fondo para lograr que en Venezuela hubiese de nuevo una democracia saludable y florecieran las condiciones de mercado para que no fuera un país paria generador del mayor desplazamiento humano en la historia de la región. Con las multinacionales petroleras de Estados Unidos sentadas en el Palacio de Miraflores, las cosas cambian y obligan a los candidatos a la Presidencia de Colombia a presentar su plan de relaciones con Venezuela para 2022-2026, pues la guerra de Ucrania no parece tener fin en el corto plazo y los negocios de petróleo estadounidenses-venezolanos, serán un auténtico tanque de oxígeno para el polémico régimen bolivariano que no ha dado brazo a torcer.

En algunos influyentes análisis políticos iberoamericanos en Washington se especula que el gobierno demócrata de Joe Biden considera invitar a la Cumbre de las Américas, que se realizará el 6 de junio en Los Ángeles, a países parias y autócratas como Venezuela y Nicaragua, lo que se convertiría en un auténtico “cambio de reglas de juego” para Colombia, tradicional aliado estadounidense en Suramérica. La Casa Blanca revivió hace una semana la decisión de Barack Obama, suspendida por Donald Trump, de libertad para operar vuelos directos a Cuba y restringir remesas. De momento, ni Cuba, Venezuela y Nicaragua están invitados a Los Ángeles, pero los nuevos aires que sopla el demócrata sobre la región pueden sorprender con nuevas posturas.

El gobierno bolivariano de Venezuela se ha comprometido con Washington a avanzar en diálogos con la oposición, usando como mediador a México, país que nuevamente juega a ser el diplomático de la izquierda latinoamericana ante el motor de la economía mundial. Mientras tanto, Chevron tiene el aval para negociar licencias de exploración con la petrolera venezolana Pdvsa, pero no perforar ni exportar petróleo de origen venezolano, todo un avance inédito en lo que va del siglo XXI, jugada que tendrá repercusiones ante el cambio de sentido de las relaciones diplomáticas antagónicas.

No obstante, los alcances de la nueva fase en que han entrado las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela, depende de la consecución los objetivos de ambos, pues Biden ajustará o aflojará dependiendo de los logros.

No es una victoria del socialismo venezolano ni una derrota para la política colombiana frente a Venezuela, es una auténtica época de cambio derivada de las pospandemia, la crisis de los contenedores, la inflación galopante en todo el mundo y la invasión rusa sobre Ucrania, todos los anteriores hechos trascendentales que obligan a los gobernantes de los países a sincronizarse con las necesidades de sus países. Pero en Colombia, estas movidas son cruciales.

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