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EDITORIAL La difícil tarea hacer reformas tributarias
jueves, 20 de diciembre de 2018

Gobierno y Congreso escribieron un nuevo capítulo de la falta de profundidad en las reformas tributarias y continúan con el mismo pendiente

EditorialLR

Ni el Congreso ni el Gobierno a través del Ministerio de Hacienda pueden respirar tranquilos con la reforma tributaria que acaba de ser aprobada a medio camino de las fiestas navideñas. No solo porque el recaudo proyectado no será de $19, ni de $14 billones, sino porque queda el sinsabor de que las cosas se hicieron a la carrera. No es el momento de ahondar en los errores cometidos en un episodio más de la mala confección de la estructura o el sistema tributario colombiano, que sigue pendiente de una verdadera reforma estructural que brinde seguridad, y de una vez por todas, cree un sistema duradero que no obligue a los gobiernos de turno a hacer un rediseño de impuestos cada dos años para solucionar problemas de caja. Aunque hay probos defensores de la idea de que la llamada reforma tributaria estructural no es más que una quimera o un Santo Grial, lo cierto es que así Colombia sea un país que improvisa a la hora de hacer reformas, se ha avanzado en términos de eficiencia y cultura tributaria. Esto a pesar de que en algo más de tres décadas se han realizado más de una docena de reformas sin lograr dotar al país de un sistema tributario de largo plazo que le garantice a los contribuyentes, a las empresas y a los inversionistas locales y extranjeros reglas claras, duraderas, y ante todo, seguridad jurídica y tributaria. El actual Gobierno cuando estaba en plena campaña prometió bajar los impuestos y diseñar un sistema moderno de tributación basado en las nuevas tecnologías. Las dos cosas van en camino: lo primero porque se protegió a las empresas de las altas cargas tributarias que imperan en el país para los verdaderos generadores de riqueza y bienestar, y lo segundo, se dio un paso enorme al centralizarse en la modernización de la Dian, algo que parecía imposible. Es un paso importante lograr ingresos cercanos a $8 billones para poder seguir con las inversiones sociales, muchas de las cuales se confeccionaron en otros gobiernos y a las cuales hay que darles continuidad.

No hay nada más sobrediagnosticado en el análisis económico que la necesidad de una reforma tributaria estructural, tal como la diseñaron y recomendaron en la última Comisión de Expertos, que dejó un documento para ser puesto en práctica, pero que hoy engrosa los anaqueles de estudios del Minhacienda. Concha, Ramírez y Acosta, en su texto “Tributación en Colombia: reformas, evasión y equidad” (2016), logran llegar al epicentro del problema al identificar que la evolución de la estructura tributaria entre 1985 y 2016 ha respondido a distintos fines sin llegar a solucionar los líos crónicos; solo han podido estabilizar finanzas públicas, sustituir impuestos externos por internos, pero sin lograr mayor equidad, neutralidad, simplicidad y competitividad. Son reformas que buscan impacto sobre el monto recaudado y la evasión, pero no en la distribución del ingreso. Son 17 reformas y “se distinguen tres períodos: 1985-1994, década de reformas económicas y nueva Constitución; 1995-2004, período de ajuste a la nueva institucionalidad, seguida por años de crisis económica nacional; y 2005-2014, años del auge primario con recuperación económica y estabilización fiscal (...) El recaudo de impuestos ha crecido desde 7,5% del PIB en 1985 a 15,1% en 2014; no obstante, este porcentaje sigue siendo menor que el de pares de la región”. A cinco meses de llegar a la nueva administración aún le queda pendiente otra reforma que siempre dejará caras largas.

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