viernes, 22 de mayo de 2020

No solo la bancarización ha avanzado en tiempos del coronavirus, también lo ha hecho la formalización empresarial y de las personas naturales para acceder a las ayudas

EditorialLR

Al comienzo de la estrategia de choque gubernamental contra los estragos económicos generados por el covid-19, no estaba muy claro cómo, dónde, cuándo y quiénes eran los beneficiarios de las ayudas fiscales para sobrellevar la caótica situación por la que atraviesa el país.

Con el paso de los días ya hay más avance más sólido y se puede calificar como un paso definitivo en el camino de la formalización de la economía. Van dos emergencias económicas en poco menos de 90 días y el gran resultado hacia el futuro es la conciencia colectiva de que ser informal no paga, máxime cuando se han establecido en Colombia los subsidios periódicos y las devoluciones de IVA para poblaciones que tradicionalmente no pagan impuestos, pero que para acceder a las ayudas deben estar bancarizados o al menos “sisbenizados”, es decir estar inscritos en la base de datos del sistema de beneficios que tiene el Estado desde hace varios años y que se debe potenciar, pues no está bien que se entregue dinero de impuestos sin saber el destinatario ni su evolución con el paso de los años, que no es nada distinto a focalizar las ayudas oficiales.

En Colombia hay millones de subsidios que deben cruzarse para hacerlos más efectivos; entregarlos de manera más inteligente para que no se genere la nefasta cultura del asistencialismo que ha hecho colapsar las economías de Argentina y Venezuela; máxime cuando el dinero público es escaso y siempre quienes pagan impuestos son los mismos empresarios y asalariados formales.

Las ayudas públicas en tiempos de covid-19 deben hacer que todos se formalicen y no debe haber otra manera de contraprestación para recibir dinero de impuestos. Lo más importante es medir en el tiempo cuáles han sido los efectos de entregar dinero público a los sectores más necesitados, pues puede ocurrir que una familia de bajos ingresos reciba ayuda para los servicios públicos, subsidio solidario, dinero estatal por familia numerosa y que a su vez esté inscrito en el Sisben y acceda a salud pública gratuita, pero que el Estado no sepa que tiene ingresos millonarios.

La anterior situación no es una exageración, hay detectados personas en apariencia pertenecientes a estratos socioeconómicos de bajos ingresos, pero que la informalidad les ingresa salarios millonarios de ventas ambulantes o simples ayudas colectivas del Estado. Es un imperativo que se revise la manera obsoleta como están diseñados los estratos sociales en Colombia y se focalicen mejor las ayudas derivadas de los impuestos.

Vale la pena rescatar el programa de subsidios de 40% de un salario mínimo a las nóminas para aquellas empresas que hayan tenido una disminución de 20% o más en sus ingresos. Es una política pública bien dirigida a verdaderos empresarios y personas naturales que han pagado impuestos toda la vida y a quienes el Estado simplemente les retribuye su apuesta por la formalidad y la legalidad.

Por eso es justo que solo puedan acceder a este apoyo las personas jurídicas, personas naturales empleadoras, empresas sin ánimo de lucro, consorcios y uniones temporales que tengan registro mercantil; certificando la disminución de 20% de sus ingresos; Registro Único Tributario y para personas que tengan menos de tres empleados reportados en la Planilla Integrada de Liquidación de Aportes actualizados.

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