EDITORIAL

El lío de medir la pobreza colombiana
viernes, 24 de marzo de 2017
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El Gobierno debe centrar sus esfuerzos en seguir trabajando en el acceso a educación, salud y vivienda, y el sector privado en dar empleos

 

Mírese por donde se mire, la pobreza en Colombia se ha reducido en la última década en términos generales, como quien dice, hoy los hijos viven mucho mejor que sus padres o sus abuelos, o al menos tienen más acceso a bienes y servicios que antes eran un lujo o muy exclusivos. Muy a pesar de que hoy seamos más y los recursos no se hayan multiplicado como todos quisieran. No solo hay más colombianos en los colegios y las universidades, sino que la salud es más universal, además tener una casa -así sea gratuita- es una posibilidad muy alta en la sociedad colombiana del siglo XXI, pero el lunar sigue siendo la desigualdad en los ingresos cuando nos comparamos con países similares. Ahora bien, si la pobreza se mide por ingresos monetarios, como es lo tradicional, las cosas cambian y hay más distorsiones ocasionadas por el manejo de indicadores como Índice de Precios al Consumidor o las tasas de interés. Lo primero para entrar a analizar la situación es entender cómo se mide la pobreza y sacar las conclusiones apropiadas. El Índice de Pobreza Monetaria -definido por el ingreso per cápita mensual que alcanza para las necesidades básicas- es 28% en la actualidad, mientras que en 2015 fue 27,8%. En cuanto a la Pobreza Extrema, que también depende del ingreso monetario, pero con el cual solo pueden comprar bienes y servicios para sobrevivir, aumentó de 7,9% en 2015 a 8,5% en 2016. Todo a causa de la inflación que subió a 5,75%. Por el lado de los resultados de la Pobreza Multidimensional (indicador que reconoce otros factores como salud, hogar, número de personas en la familia e, inclusive, el entorno ambiental), las cosas son distintas, al pasar de 20,2% en 2015 a 17,8% el año anterior, lo que significa una reducción de 2,4 puntos porcentuales. Esto significa que más de un millón de personas dejaron la condición de pobreza multidimensional en el período comprendido entre 2015 y 2016. Y es un hecho indiscutible que entre 2010 y 2016 más de cinco millones de colombianos salieron de la pobreza multidimensional. La moraleja de las distintas mediciones es que no todo son ingresos monetarios, que la pobreza también depende de la calidad de vida, y que más allá de tener más o menos US$100 mensuales para gastos, lo verdaderamente disruptivo es que la gente tenga acceso a vivienda, salud y educación. La discusión en Colombia se ha centrado en debatir si se es pobre extremo con ingresos mensuales de $115.000, cosa que es cierta, más si se mira desde la comodidad de un buen salario o unos buenos ingresos, pero ese es el monto que se necesita para comprar los bienes básicos y es en donde el Banco de la República debe centrar sus esfuerzos a la hora de controlar la inflación. Lo verdaderamente importante es que las políticas públicas se centren en bajar el Índice de Pobreza Multidimensional, que es el que verdaderamente genera bienestar y mejoramiento de las generaciones futuras.

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