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EDITORIAL De dilemas y mensajes subyacentes
viernes, 22 de diciembre de 2017

La Encuesta dice cosas distintas a quien va adelante en intención de voto, tales como a quién le prestaría plata o a qué candidato invitaría a almorzar

Editorial

La ciencia estadística global tiene el reto de recuperar su credibilidad y para conseguir tal objetivo debe echar mano a las herramientas de alta precisión en estudios de opinión pública que le ofrece la cuarta revolución industrial, no quedarse trabajando con las mismas técnicas estadísticas que usó George Gallup en las elecciones estadounidenses de 1936, que ganó Franklin D. Roosevelt, cuando adelantó el resultado basándose en un sondeo con 5.000 electores, dato que se oponía al difundido por la revista Digest, que usaba otras técnicas y una muestra de dos millones de personas. La cantidad no hace la calidad, pero hoy -90 años después- las cosas han cambiado.

Hoy publicamos “La Gran Encuesta” para las elecciones de 2018, que deja muchas enseñanzas de lo que fue este año que poco a poco llega a su final. Lo primero es que la percepción de que la situación económica del país es mala, la comparten 8 de cada 10 colombianos. Cuando se pregunta: ¿cuáles son los asuntos del país que más le preocupan a usted y a su familia? Se identifica que la inseguridad, la salud y el desempleo, son los problemas a los que hay que ponerles más cuidado por parte de los candidatos a la Presidencia.

A las encuestas se les ha criticado por vaticinar resultados distintos a los de la realidad, situación que se ha repetido en varias de las últimas elecciones. Pero en las entrelíneas de las mismas encuestas está gran parte de la explicación. Por ejemplo, cuando se le pregunta a la gente: si las elecciones a la Presidencia de la República fueran mañana y se presentaran los siguientes candidatos, ¿por cuál de ellos votaría? Los encuestados tienen preferencias definidas; pero cuando se pregunta ¿cuál de los siguientes candidatos cree usted que va a ganar las elecciones para Presidente de la República? Las cosas cambian de manera sustancial.

En términos de ciencia política hay un problema de investigación que aventura, más que una hipótesis, una pregunta de investigación. Los electores en Colombia no confían en su sistema electoral, al mismo tiempo que saben que lo que ellos desean no se va a dar. Lo que se debe comprobar es cómo funciona “la subyacente captura del sistema electoral colombiano”, para que la llamada maquinaria se imponga sobre la intencionalidad de los electores. Esta situación omnipresente en todos los llamados a las urnas, evidencia la constante malquerencia en contra de casi todas las instituciones.

Está claro que el próximo Presidente de Colombia tiene varios retos en inversión social, en términos de afianzar la seguridad, pero ante todo reparar la maltrecha economía. Para tratar de sacarle a las personas sus respuestas diplomáticamente incorrectas, se les preguntan dos cosas: ¿a cuál de los siguientes candidatos invitaría a su casa a almorzar? y ¿a cuál de los siguientes candidatos le prestaría plata? Son dos cuestiones que hablan de seguridad, confianza y cercanía, tres elementos que no se miden con frecuencia en los estudios de opinión. En términos generales a los candidatos muy pocos les prestarían plata y otro tanto los invitaría a almorzar a casa, dos mensajes concretos que subyacen en el imaginario popular, pues en el próximo debate electoral se debe hablar de impuestos, que no es otra cosa que darle dinero a los presidentes y de costo de vida, que es tener acceso a alimentos a buenos precios.

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