viernes, 11 de diciembre de 2020

Más de $100.000 separan a los gremios y las centrales obreras para fijar el alza del salario mínimo, un monto que presagia un eventual decreto gubernamental que zanje la discusión

EditorialLR

Los gremios económicos que representan a los empresarios propusieron un alza del salario mínimo para 2021 de 2%, que elevaría la paga mínima mensual a $895.359, es decir, un aumento de $17.556, unos $585 diarios. Entre tanto, las centrales obreras que representan la otra cara de la moneda, a los sindicatos, tienen en la cabeza 13,6% de alza que elevaría el mínimo a más de $1 millón sin contar con el subsidio de conectividad que remplaza al transporte que también tendría un incremento similar.

Las negociaciones no marchan por buen camino y cada vez surgen nuevos puntos de desencuentro entre las partes, como son mezclar la situación de recesión por la que atraviesa la economía, el galopante desempleo que aqueja a casi cinco millones de personas, la informalidad que abarca a 49% de los empleados y la pobreza que experimentan algunas familias derivada de la situación de pandemia, o de todas las anteriores.

Es muy probable que el alza salarial nuevamente se haga por decreto, pues poner a las partes de acuerdo es una tarea que lleva discusiones y más tiempo de debate y eso es lo único que no se tiene, dado que el nuevo mínimo debe entrar en vigencia en 20 días. Desde 1991, en solo dos ocasiones se ha logrado concertación entre empresarios y sindicatos, en el resto de oportunidades el Gobierno Nacional ha tenido que fijar el alza para el año entrante. Esa es una constante que debe arreglarse con prontitud, pues no funciona, incluso las variables tenidas en cuenta también son puestas en entredicho.

El Índice de Precios al Consumidor (indicador que representa el valor del costo de vida) debe ser estricto con el del año que viene no con la inflación causada; el incremento del Producto Interno Bruto (valor de la actividad económica de un país) debe ser un promedio, pues este 2020 es totalmente atípico, y la productividad de la economía debe ser revisada y homologada con pares de la Ocde. Incluso se deben tener en cuenta otras variables como puede ser por sectores, regiones e incluso hacerse cada dos años. Lo único cierto es que es una discusión desgastada que debe actualizarse.

Si el alza del mínimo en Colombia es decretada y no concertada, tal como lo demuestra la evidencia histórica, este “decretazo” debe ser consciente, no populista, ni extraordinario. Esa alza del mínimo es la que se aplica para las sanciones judiciales, multas de tránsito y se asume para algunos incrementos de servicios y productos vitales, por eso debe ser razonable, una subida más allá de las posibilidades de ingresos de los trabajadores y de pago de los empleadores, puede resucitar la inflación que es un impuesto para las familias de menores ingresos. Decretar la subida del mínimo con base en la tragedia que ha supuesto la pandemia es un error y dejarse llevar por factores políticos pre-electorales es mucho peor. Debe ser un alza razonable más salomónica que un buen negocio; un incremento más allá de las posibilidades de pago atenta contra la generación de más trabajo, que es quizá la necesidad más sentida de la economía.

Un salario mínimo razonable activa nuevos puestos de trabajo, la formalización de una buena parte de empleados temporales, pero si se cae en el populismo salarial, el perjuicio es general. Y de colofón: esta es una discusión central que ojalá no se haga siempre en medio de las fiestas.

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