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ANALISTAS La nobleza de los premios Nobel
miércoles, 12 de noviembre de 2014
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El momento del llamado a los distintos galardonados con el Premio Nobel en las distintas disciplinas, alienta el quehacer de la academia y la investigación, en particular de las instituciones de educación superior en el mundo. Unas, por cuanto sus profesores podrían estar en la baraja de ganadoras, y otras, para regentar el sentido que les da el carácter de centros de pensamiento e investigación.

A pesar de ello, es constante el llamado de los mismos ganadores de los Premios Nobel, para que la académica y, en particular la investigación, tengan un sentido más de corte transversal. Es decir, que sea la población y la sociedad, la que efectivamente se vea beneficiada de los frutos, hallazgos, pesquisas y resultados generados en dicho proceso. No obstante, la elite se ha tomado en la mayoría de los casos, los propios centros de pensamiento.

En las instituciones de educación superior cuesta arriba aún se encuentran descolladas las probabilidades para que efectivamente pueda hablarse de investigación en propiedad, y que de paso, todas las áreas de conocimiento e investigación, por muy humildes que sean, puedan extender la producción de artículos, libros y ponencias el aporte que dicha construcción ha hecho para la sociedad.

El llamado hecho por los Nobel, se entrecruza para aquellos que apenas estamos iniciando el recorrido de la investigación, y que aún, a cuenta dientes expresamos lo importante de publicar, cuando aún, se siente el vacío de no poder ir más allá. Por recursos, disposiciones o dificultades del sistema, sobre el que se cree debe operar la investigación para el caso colombiano. 

Lo otro, es que aún no se ha hecho el barrido profundo de entender en el país que la investigación no es solo un área sustantiva de las instituciones, sino que es una forma de trabajo para quienes se dedican a ello. Como un empresario, gerente o presidente de la compañía, el investigador debe conocer efectivamente a lo que se enfrenta en las organizaciones. A su vez que el científico, a quien le preocupa que sus resultados efectivamente tengan trascendencia para la humanidad.

Es de esperar que con el tiempo, y en aras de los facultativos de los procesos, realmente se pueda ampliar el espectro de impacto de la investigación, que no advierte la necesidad de profundizar en los hallazgos obtenidos,  y que de paso, convierte a la investigación por lo menos para la hipotética académica, para refrendar o rechazar lo que ya se conoce. A diferencia de la científica, en la que están a prueba no solo recursos, sino la credibilidad de quien asume al frente dicho proceso. 

En particular, las ciencias sociales, deben pasar de la contemplación a la proposición; del periodismo científico a la definición de un modelo político, modelo jurídico, modelo económico, modelo social, modelo ciudadano o público, sobre los que el país pueda tener el espacio de evaluar en las urnas o en procesos de acción colectiva o participación ciudadana. El gran error de las ciencias sociales, es que no han pasado del asomo a la propuesta y de esta última, ha sido casi imposible llevarlas a buen término a la aplicación o la práctica.

De otro lado, la proliferación de teóricos, propuestas, variantes académicas, epistemológicas o investigativas, que solo interesan a quien está el frente de los procesos investigativos o científicos, terminan trasladándose a la conducta del parroquiano a través de convenciones, estereotipos, símbolos o guetos particulares, cuando en últimas los actores, colectivos, sujetos y la misma sociedad, esperan la materialización de las propuestas. 

Por ende, la importancia de rescatar la trascendencia de la relación Ciencia, Tecnología e Innovación para la Sociedad, en la que efectivamente, además de cumplir con los requisitos de evaluación de los grupos de investigación, por su producción, cada grupo e investigador, y más aún en el caso de los científicos, pueda mostrar efectivamente que la investigación tuvo trascendencia social.