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ANALISTAS El derecho a la privacidad
sábado, 22 de marzo de 2014
La República Más
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La privacidad es la condición o el estado en el cual uno no es observado o incomodado por otras personas. La privacidad se ha considerado como parte inviolable de los derechos de propiedad. Interceptar los correos constituye un delito.

En consecuencia, casi todas las legislaciones aceptan que la interceptación de las comunicaciones privadas no pueda realizarse sino con la autorización de una entidad competente, por tiempo limitado y por razones válidas. 

En numerosos países,  la privacidad parece estar convirtiéndose en un lujo que no pueden adquirir sino algunos pocos países con compañías poseedoras de tecnologías avanzadas como Google, Facebook o Twitter.  Ni las cuentas bancarias parecen estar hoy completamente a salvo. 

Así como el aire puro y la alimentación adecuada se han convertido en lujos para numerosos seres humanos,  por la misma vía parece marchar hoy la privacidad, so pretexto de prevenir y combatir las actividades de los terroristas. La posibilidad insospechada hace pocas décadas de poder comunicarnos con quien se quiera y de acceder a informaciones a nivel mundial, se ve limitada hoy por los derechos de las mayorías ante el terrorismo.  

Los googles, los facebooks y los twitters nos prestan sus extraordinarios servicios de comunicaciones y de información, pero utilizan a la par nuestros datos, nuestras aficiones, nuestros intereses para venderlos a empresas que puedan lucrarse de esto. 

Con base en pequeñas informaciones diseminadas en la red se pueden construir los perfiles de las personas, por ejemplo, se puede ‘saber con quién hablas para saber quién eres’. Las mismas empresas que venden las seguridades se pueden lucrar de las informaciones por ellas protegidas. 

El ciudadano del común se ha quedado solo frente a los gobiernos, las corporaciones y los jaqueadores  o saqueadores de información.  Más grave aún es el caso de los niños menores de 18 años que entran a ciertas ‘nubes’ de internet sin protecciones adecuadas de parte de los proveedores de tales ‘nubes’.

Las interferencias estadounidenses a las comunicaciones privadas de poderosos jefes de Estado en Alemania, Brasil… nos inducen a considerar como explicables las interceptaciones al presidente Juan Manuel Santos. La incompetencia de los asesores en sistemas del Presidente resulta tolerable. Lo que no se puede aceptar radica en  demeritar al Ejército en forma generalizada con dichas interceptaciones,  con el fin de ambientar la  farsa de La Habana.