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Salud Hernández Mora

¿Qué ha sido lo mejor de este Festival comparado con el anterior?
La venta de boletería ha sido impresionante. Hemos vendido $12.800 millones hasta este momento. El de hace dos años fue el peor de todos y este se da disparado.

¿Por qué?
Uno, la actitud de la ciudad y de la gente frente al Festival. La programación ha sido de una altísima calidad, es muy difícil que la gente pueda ver en un solo lugar tantas compañías tan buenas y diversas. Dos, la participación de los grupos colombianos es muy grande y muy importante; y tres, nosotros hacemos ruedas de negocios. Tenemos la VIA (Ventana Internacional de Arte) y traemos productores  y directores de teatro del mundo que vienen a ver exclusivamente compañías colombianas y de América Latina. Se hicieron 1.220 citas de negocios.

¿Vienen a contratar grupos, es una vitrina de las artes escénicas?
Se inscribieron 63 compañías colombianas de la 90 que se están presentando, y nueve de Latinoamérica. Programadores vinieron 96 de todo el planeta, de festivales o de salas de teatro. Lo que dice el equipo de VIA es que creen que se hicieron negocios por 550 mil dólares.

¿Cuánto empleo genera el Festival?
Entre empleos directos e indirectos, son doce mil personas. Y es el evento que más turistas trae a Bogotá.

¿Vas a terminar en número negros?
Sí. Es la primera vez que vendimos abonos en junio pasado sin que la gente conociera la programación. Fueron mil abonos. Mi proyección era un poco menos, cercano al 80%, son cifras ajustadas, antes no había registros. En estos momentos vamos por 12.800 millones y faltan cinco días. Y eso que en la vez anterior tuvimos el Coliseo cubierto el Campin, la Plaza de toros y el Palacio de los Deportes y ahora ninguno de ellos.

¿Cuál ha sido el hit de las obras, la que ha barrido?
El Payaso – “Slava snow show”- ha sido el hit absoluto. Solo con el manejo del cuerpo y de la cara, y de una poesía en las historias que cuenta, te vuelve niño. Y es incluyente, el público participa. Todos los días lleno en el Jorge Eliécer Gaitán, que tiene 1.700 de aforo. Va a terminar haciendo catorce funciones.  También el teatro colombiano. Cuando el Festival empezó, teníamos que obligar a cada persona a comprar un abono dos espectáculos colombianos. Hoy día no obligamos y muchas veces se agota la boletería.

¿Cómo les fue en la Escuela del Festival?
Hicimos 29 talleres pago de dos o tres días exclusivamente para el sector de circo, dramaturgia, vestuario, crítica teatral,  todos llenos; y 33 conversatorios de entrada libre. También, con un acuerdo con Usaid y Acdi Voca, trajimos muchachos afros para que tomaran talleres con 16 maestros de distintas disciplinas. Vinieron de gestión cultural, de cine, bailarines, disc-jockey, personas que ya hacían algo en su región y que cuando vuelvan van a ser multiplicadores.

Cuando empezaste no existía el Julio Mario Santo Domingo, La Trama de Gaitán, Cara Ensamble, poco a poco esta ciudad adquiere un rostro moderno
En 1988 lo más contemporáneo que pasaba por la ciudad era el ballet clásico y la zarzuela, no les gustaba el flamenco porque era demasiado sensual. El país ha cambiado y el Festival tiene que ver en eso.

Desde fuera uno siente que la alcaldía no se ha involucrado mucho, no se ven afiches del Festival por todas partes, no está vendiendo el producto como deberían.
Claro que se involucró, pero eso nos pasa cada cuatro años. En el momento en que cambia la alcaldía hay una cantidad de cosas que no se alcanzan a contratar. Es más, en los audios que ponemos en los teatros mencionamos el apoyo de la alcaldía Mayor de Bogotá.

¿Por qué el Teatro Nacional de Upsala que es muy prestigioso y nunca hace giras, aceptó venir?
Llevamos un tiempo haciendo un trabajo con los países nórdicos. El grupo Upsala es el más importante de Suecia y vienen porque para ellos es una vitrina muy importante, da prestigio.

¿Sientes que el Festival sería imposible acabarlo, que ya permanecerá siempre?
Creo que sería muy difícil porque en el imaginario colectivo el evento cultural más importante es el Festival, y es el que más visibilidad internacional le da a la ciudad, según un estudio de la alcaldía. Al mismo tiempo, sería muy fácil porque es una empresa frágil.

¿Qué no quedó bien? ¿Qué te ha faltado?
Tuvimos un problema gravísimo es que se murió un actor francés en el Theatre de la Ville y tuvimos que suspender “Ionesco Suite”. Me hubiera gustado hacer más funciones de la Furia del Bausc, tener la plaza de toros, no tenemos espacios grandes.

¿El problema del Teatro Colón no emborronó un poco el Festival?
Fue una bobada, una equivocación nuestra y fueron treinta boletas de diferencia. Hubiéramos podido reubicar a la gente, fue en una función. Si manejamos solos el problema, lo hubiéramos solucionado.

Llevas quince ediciones en la organización del Festival, ¿no sería bueno otro curador con otra mirada?
Yo he sido la curadora en los últimos, antes era Fanny. Es más, yo aprendí de ella. Este es un Festival distinto a los anteriores, pero yo no quiero estar eternamente aquí.

¿Supongo que lo que no quieres es salir de una patada, que es lo que algunos pretenden?
No, claro. Porque a pesar de los problemas que hemos tenido, hemos logrado ir pagando la deuda.

¿Que te ha quedado para el siguiente Festival?
Yo creo que necesitamos un espacio grande donde podamos hacer obras de gran formato. La plaza de toros es fundamental.