jueves, 5 de febrero de 2015
  • Agregue a sus temas de interés

Giovanni E. Reyes

Si lo que se desea es llegar a alcanzar niveles sostenibles de crecimiento económico en un país, uno de los sectores clave es la inversión en los circuitos de la economía real, la que se relaciona con la producción de bienes, servicios y empleo.

Dentro de la inversión en el ámbito de la economía real, el fortalecimiento de la infraestructura física tiene un papel preponderante. No sólo genera empleo y con ello abre oportunidades a amplios sectores sociales que cuentan muchas veces con bajos niveles de preparación, sino que además, el impacto en el empleo es relativamente rápido y masivo. La infraestructura, por otra parte, promueve el apoyo y fortalecimiento de otros sectores que se ven beneficiados tales como la agricultura.

En este punto, por ejemplo, de la producción agrícola, si bien es cierto tenemos aún problemas con la capacidad productiva, las mayores dificultades se centran en el ámbito de la comercialización.

Al considerar las inversiones que desde 2008 han realizado las principales economías latinoamericanas, vemos que dos de ellas sobresalen: Ecuador y Bolivia. En ambos casos, la inversión en infraestructura ha llegado a ser de 6% del producto interno bruto (PIB) en cada país. Perú y Brasil han invertido en ese sentido, entre un 3% y 4%, en tanto Colombia menos de 3%.

El caso colombiano evidencia una situación preocupante. En esto se tienen dos razones. Por una parte la infraestructura física del país requiere de inversión de reposición o mantenimiento. Por otro lado, es necesario proceder a ampliaciones netas en la red vial, en la conformación de puertos y aeropuertos.

En ámbitos empresariales colombianos se escucha que un contenedor traído por barco desde Crimea, en el litoral ucraniano del Mar Negro, hasta el puerto de Buenaventura, en el Pacífico colombiano -teniendo que atravesar para ello todo el mar Mediterráneo, el Atlántico, pasando luego por Panamá para llegar al Pacífico- cuesta casi lo mismo que el transporte desde Buenaventura a Bogotá.

De resultar verificables esas observaciones es evidente que aún en la zona andina o del macizo central colombiano, que ocupa el 35% del territorio -pero que tiene el 95% de la población- las condicionantes de vías de acceso son poco competitivas con otras naciones, incluso con los vecinos de Ecuador.

En términos de la expansión de vías de acceso, Colombia enfrenta notables desafíos en la región sur-occidental, en concreto en el área de Chocó, departamento fronterizo con Panamá. A esto deben agregarse, los retos que en tal sentido, constituyen las vastas extensiones propias de Los Llanos, que desde el pie-de-monte de la ciudad de Meta, dan cobertura a toda la cuenca que se desliza hacia el Amazonas, por el lado oriental, y hacia el Orinoco, en el sentido de la vertiente nor-oriental de esa enorme región colombiana.

La inversión en infraestructura es por demás vital en cualquier país del mundo, al promover la consolidación productiva de otros sectores económicos. Además, es un medio para que los niveles de desarrollo y de crecimiento económico puedan ser sostenibles en el mediano y largo plazo.

Descuidos en la inversión en infraestructura pueden constituir graves riesgos para sostener la competitividad del país. Estos son parte de los resultados que actualmente se hacen lamentablemente evidentes, en las actuales condiciones que caracterizan a Venezuela, Argentina y hasta cierto punto a Brasil.