Los primeros pasos de crear un neobanco empezaron, cuando trabajando para Sequoia Capital, viajó a Brasil para abrir una oficina de la empresa

Carlos Gustavo Rodríguez Salcedo

David Vélez siempre ha sido un emprendedor y ha tenido en el ADN de su familia la filosofía de que cada uno tiene que labrarse su propio camino, al punto que su primera inversión fue de niño cuando le compró una vaca a su papá, “un ganado” que fue aumentando hasta tener seis ejemplares que le permitieron pagarse parte de su pregrado en la Universidad de Stanford.

Los primeros pasos de crear un neobanco empezaron en 2011, cuando trabajando para Sequoia Capital, viajó a Brasil para abrir una oficina de la empresa en ese país. Sin embargo, después de dos años, todos llegaron a la conclusión de que no tenía mucho sentido abrir operaciones allá, ante la falta de talento tecnológico. Si bien, tal como lo contó Vélez en el podcast Cracks, sus jefes querían que se regresara, su ADN le dijo que ese era el momento para emprender.

“No podía seguir tirando la bola para después”, dijo en aquella entrevista. En ese proceso, tuvo una mala experiencia tratando de abrir una cuenta bancaria y entendió que en esta industria existía una oportunidad. “No lograba entender cómo la experiencia de un banco podía ser tan mala”, añadió.

Así, y analizando experiencias como las de Capital One en Estados Unidos o la de Tinkoff en Rusia, fue fortaleciendo su idea. “Cuando comenzamos en 2013, realmente no existía fintech, la palabra no existía . No existía el concepto de bancos digitales. Vimos que los bancos subestimaban a sus clientes y los trataban mal. ¿No podría hacerse mejor?”, relató en una entrevista con Rest of World. El foco fue utilizar los datos y la analítica para aprovechar mejor el mercado. “En una sucursal, el banco termina usando quizás 10 de los cientos de campos que usted llena en papel cuando solicita una cuenta (...) En el mundo digital, en lugar de usar cientos de variables, podemos usar 10.000”, agregó.

Los ‘peros’ aparecieron cuando empezó a materializar su idea: desconfianza de los clientes, falta de acceso a internet y, claro, la fortaleza de sus competidores. “Cinco de las 10 principales empresas brasileñas son bancos. Las empresas más grandes de México y Colombia son los bancos: grandes oligopolios que no han tenido competencia durante décadas. Nadie se atreve a competir con ellos porque a menudo están controlados por las familias ricas más grandes o mejor conectadas. (...) Hubo un montón de razones por las que fue demasiado difícil. Y por eso, precisamente, me emocioné”, relata en la entrevista con Rest of World.

Nubank inició en una casa pequeña ubicada en Sao Paulo, con tres socios y un grupo de ingenieros, y en 2014 empezó a caminar hacia el éxito con su primer producto. Y es que catalogarlo como tal lo justifican las cifras: es el sexto banco más grande de Brasil; entre los bancos digitales, la fintech tiene el mayor número de clientes y, hasta la fecha, ha recaudado cerca de US$820 millones en siete rondas de inversión de capital. Además, ha sido nombrada como la empresa más innovadora por Fast Company; el mejor banco de Brasil según la revista Forbes y la séptima empresa más innovadora según Kpmg.