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sábado, 7 de noviembre de 2020

Estados Unidos requiere reconstruir sus alianzas internacionales, especialmente, las del mundo occidental y hacer que estos acuerdos sean productivos en diferentes formas

Carlos Alberto Patiño Villa

La actual elección presidencial en Estados Unidos está marcada, quizá como pocas desde la Segunda Guerra Mundial, incluido el periodo de la Guerra Fría, por el hecho de que este país en la actualidad encara varios retos estratégicos que debe resolver de forma exitosa con el fin de mantener la relevancia global, la que permitirá seguir a la cabeza de la economía mundial, mantener un liderazgo incuestionado dentro de las instituciones que conforman el actual orden internacional y, sobre todo, mantener la estabilidad interna como requisito para evitar erosiones políticas y sociales, o escisiones territoriales que amenacen su existencia.

Este panorama de retos estratégicos por resolver está marcado además por una paradoja que ha ido convirtiéndose cada vez en más importante desde la implosión soviética: EE.UU., como todo el mundo, se encuentran en medio de un mundo multipolar, no multilateral, y a medida que las potencias no occidentales acrecientan su poder e influencia, las de Washington, a pesar de estar en medio del período de mayor crecimiento económico y militar, ha visto que su influencia empieza a ser claramente competida, desafiada, y en consecuencia a menguar.

Dentro de estos hay que destacar que adicionalmente las potencias no occidentales de mayor influencia contemporánea han mostrado una clara fortaleza en la competencia científico-tecnológica, y en consecuencia una dinámica propia y autónoma para liderar diversos sectores de la economía y el desarrollo mundial.

Entre los retos estratégicos se pueden identificar en el contexto de las relaciones internacionales que son ineludibles: primero, tener una clara presencia en espacio euroasiático, con una red geopolítica, que cumpla los dos requisitos básicos de crear una red de comercio beneficioso para sus miembros y ser una alianza geopolítica activa, confiable y dispuesta a actuar contra terceros Estados hostiles. Segundo, debe replantearse un liderazgo efectivo y positivo al frente de las diferentes instituciones internacionales que componen el orden internacional que los mismos EE.UU. crearon en 1945 al final de la Segunda Guerra Mundial, de forma tal que no le deje a terceros países la dirección de dicho orden internacional. Y tercero, requiere reconstruir sus alianzas internacionales, especialmente las del mundo occidental, al frente del cual se ha ubicado desde la segunda mitad del siglo XX, y hacer que estas alianzas sean productivas en diferentes formas.

Visto, en grueso, estos retos pueden parecer indicaciones de perogrullo, pero la verdad es que son acciones que son inaplazables, si quiere mantener como Estado una posición relevante y de liderazgo, luego de la aislacionista, nacionalista e improvisada presidencia de Donald Trump.

En el ámbito interno requiere igualmente tres acciones estratégicas inaplazables: el primero es crear un sistema educativo de calidad, en donde los estudiantes reciban mucho más que una formación básica como mano de obra; segundo, requiere renovar la inversión en ciencia y tecnología, e inteligencia artificial de forma específica, un campo donde la República Popular de China, e incluso India y Japón destacan sin mayores dificultades; y tercero, requiere refundar un pacto civil nacional que permita la renovación de la república dentro de un modelo democrático, que sea inclusivo y garantice el mantenimiento de las libertades individuales de manera clara y abierta.