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La región se encuentra expuesta al impacto de los precios de los productos básicos y el comercio de China

Tatiana Arango M. - tarango@larepublica.com.co

El mundo se enfrenta hoy a una situación tan atípica y compleja, que las tareas de análisis y proyección económicas, suponen un verdadero reto.

Al impacto económico derivado de las estrictas medidas adoptadas por los gobiernos para intentar frenar el avance del covid-19, se suma la incertidumbre acerca de una nueva normalidad que estamos viviendo y que se predice, nos acompañará por largo tiempo, en la que las nuevas formas de consumo marcarán un nuevo panorama económico.

En uno de los últimos informes de Euler Hermes, uno de los accionistas de Solunion junto a Mapfre, Georges Dib, explica las claves que marcarán la evolución del tejido empresarial y de los sectores de producción, y las consecuencias de la pandemia para la economía.

Los procesos de confinamiento para más de la mitad de la población mundial y el PIB han golpeado al mundo ocasionando que la economía sufra un impacto tan profundo, que la ha llevado a su peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial: una caída de 3,3% en 2020. Las pérdidas comerciales podrían ascender a US$3,5 billones y las insolvencias empresariales podrían aumentar en 20% para este año.

Para Latinoamérica la recesión parece inevitable. La región se encuentra expuesta al impacto de los precios de los productos básicos y el comercio de China, al del precio del petróleo y al de las medidas de confinamiento que tocaron a prácticamente todas las economías. En general, se espera una contracción cercana a -4,1% en 2020 en el escenario de referencia, y a -8% en caso de que la crisis se prolongue. Los mercados con mayor riesgo son aquellos exportadores de petróleo y los destinos turísticos.

Sin embargo, las medidas de desconfinamiento gradual en varios países que se han flexibilizado desde mayo, supondrán un impulso a partir del segundo semestre de este año.

Al gestionar la tasa de reproducción del virus de manera efectiva en los próximos meses, a través de las normas preventivas de bioseguridad como el uso de tapabocas, distanciamiento social, prohibición de conglomeraciones de personas y la contención a través de un aislamiento inteligente, permitiría que la mayoría de las economías podrían funcionar en 70% a 80% de su potencial durante dos o tres trimestres.

Sin embargo, prevemos que los mercados de capitales todavía podrían empeorar antes de mejorar a medida que comienza la reactivación económica.

El fenómeno también ha puesto en cuestión las relaciones comerciales entre mercados. Los países intentarán reducir su dependencia de otros, especialmente en lo que respecta al abastecimiento de bienes estratégicos. También en esta línea, las empresas tenderán a reducir sus cadenas de suministro.

El riesgo será un factor muy considerado por inversores y empresas. La confianza en los mercados financieros ha fluctuado y los inversores podrían apostar por estrategias más defensivas. Las empresas, por su parte, aumentarán la demanda de cobertura de riesgo.

Lo anterior, debido a que la capacidad de pago de los compradores, tanto en el país como en el exterior, se está viendo seriamente afectada de una manera muy rápida y se encuentra en el dilema de cumplir con el presupuesto de ventas haciendo una mayor apuesta por el riesgo.

Lo que genera que las mismas se vean enfrentadas a presiones de mayor crecimiento y a su vez más deterioro de los compradores, ya que cuando el apetito por riesgo saca ventaja, las empresas terminan por hacer negocios con compradores en situación difícil y estos pocas veces, pueden responder.

En momentos como el actual, un seguro de crédito es la mejor alternativa para hacer ventas más seguras, ya que actúa como una valiosa herramienta que pone a disposición elementos objetos de análisis para ofrecer el conocimiento necesario sobre el mercado y el comportamiento de los clientes de una empresa y, sobre todo, permite cubrir situaciones inesperadas de impago que puedan surgir durante un proceso comercial.