Opinión

Refranes, educación y Ley

Difícil resulta creer que quien participa en la producción de este tipo de normas cite una frase tan reprochable, en el contexto que sea y más aún que le imprima la fuerte carga sexista con la variante “como las mujeres, para violarla”. ¿Acaso el señor Ramón Cardona cree que su función es tan inútil que produce normas que están destinadas a ser letra muerta y por eso hace un llamado a sus colegas para no caer en el pésimo vicio de desconocer la ley?

Pero más extraño, por no decir indolente e irresponsable, resulta que el señor Cardona emplee una versión del mentado refrán con una variante que, a todas luces, normaliza actos ilegales (la sola violación a la ley) y delictivos (acceso carnal violento); peor aún que en esta época en la que las agresiones de género inundan las noticias y se han colado en la agenda legislativa ante la necesidad de reprimirlas todo un vicepresidente de Concejo Municipal lance semejante discurso. 

La lección de este impasse es como dice el viejo refrán, este sí sabio: “Hay que pensar antes de hablar” y apartarse de la filosofía del “prefiero pedirte perdón que pedirte permiso”. Amén.

Pero lo valioso del error garrafal del concejal es que invita a la reflexión sobre la normalización de lo ilícito y la discriminación; dándole más sentido y valor a trabajos como el del profesor Luis Miguel Bermúdez, que a través del trabajo con jóvenes en un colegio en Bogotá y una seria investigación doctoral deja entrever cuáles son las posibles causas para que se presenten y normalicen esquemas sociales de violencia de género mientras plantea alternativas para desarrollar modelos educativos que, más allá de la ley sancionatoria, permitan erradicar la violencia en sus formas más sutiles como la discriminación tan arraigada en nuestro país. “El que esté libre de pecado que lance la primera piedra”.

No podemos seguir pensando que la defensa de los derechos fundamentales se limita al ejercicio de acciones constitucionales. Es más amplia y llega precisamente a ese punto en el que lo que debe normalizarse es la no discriminación, la igualdad y el pluralismo que exalta la constitución. Si como los alumnos del Colegio Gerardo Paredes de Bogotá, el señor Cardona y todos nosotros hubiésemos tenido profesores como Bermúdez, tal vez ya habríamos superado los prejuicios y viviríamos más como el ideal de país que dibuja el preámbulo de nuestra Constitución.

La educación nos permitirá entender y aprehender como país que la ley no se hizo para romperla como las mujeres tampoco están para ser violadas, que la igualdad no es una palabra vacía y que los derechos se respetan, protegen y hacen valer. Dejemos de lado el fetiche legal que más normas no cambian una sociedad, la educación sí.