Opinión

Hacer más para hacer menos

Ocurrirá lo de siempre con los tradicionales inconvenientes que hemos venido notando: se designará un fiscal en interinidad mientras el presidente designa la terna de la cual la Corte Suprema de Justicia hará la elección del fiscal definitivo para los próximos cuatro años.

El procedimiento de elección es claro desde 1991: el presidente es libre de designar a quienes considere elegibles para dirigir la Fiscalía General de la Nación, siempre y cuando sean colombianos de nacimiento y ciudadanos en ejercicio, tengan la profesión de abogado y no hayan sido condenados por sentencia judicial a pena privativa de la libertad, excepto por delitos políticos o culposos y, finalmente, hayan desempeñado, durante diez años, cargos en la Rama Judicial o en el Ministerio Público, o hayan ejercido, con buen crédito y por el mismo tiempo, la profesión de abogado o la cátedra universitaria en disciplinas jurídicas en establecimientos reconocidos oficialmente.

No existe un trámite especial, ni unos lineamientos legales que el primer mandatario deba seguir para hacer la nominación de la terna. 

Sin embargo, recientemente el presidente Juan Manuel Santos hizo pública su voluntad de realizar una convocatoria pública para conformar la terna de elegibles.

Algunos sectores aplauden la decisión: es bueno que sea una nominación transparente que tenga en cuenta los méritos y calidades de los elegibles, pero como dicen las abuelas, “de eso tan bueno no dan tanto”.

La que pareciera ser una iniciativa legítima que permitirá que todos los colombianos analicemos las hojas de vida que se presenten a la convocatoria en realidad lo único que demuestra es un alto grado de improvisación, por no hablar de la repetición de las interinidades y encargos que han devenido en discusiones sobre si el periodo de los fiscales es personal o institucional. 

¿Acaso no debería estar el Gobierno preparado para que al salir un fiscal de su cargo su sucesor ya estuviera designado? Falta de planeación es lo único que resulta de todo eso. 

Malas costumbres que hicieron carrera con la malsana “tranquilidad” de la interinidad. ¿Por qué debemos esperar a que un fiscal se retire de su cargo para siquiera empezar a  pensar en quienes podrían conformar la terna?, ¿no merecen la Fiscalía y la política criminal del país tener en su dirección un funcionario en propiedad, de las más altas calidades? Al parecer no.

La “tranquilidad” y desparpajo de las decisiones improvisadas del que quiere hacer más y termina haciendo menos. Improvisación que cunde en varios sectores, desde el financiero, donde se hicieron cuentas alegres con las ganancias que da un recurso natural no renovable cuyos precios fluctúan en el mercado internacional (y por cuya caída ahora padecemos), hasta el científico y tecnológico, en el que se supedita la generación del conocimiento al ya trillado sonsonete de la “competitividad”. 

Así “funcionan” las cosas aquí.