Opinión

La locomotora de la guerra

El presidente Santos, con muy buen criterio inició su Gobierno con anuncios que nos hicieron ilusionar a los partidarios del fin del conflicto y sorprendieron a la opinión nacional e incluso internacional, empezando a explorar caminos distintos a la solución exclusivamente militar del conflicto armado.

Santos se hizo oír en sectores importantes de las ONG`s nacionales e internacionales, los sectores de la izquierda y hasta en la guerrilla, por la voz el  mismo Alfonso Cano, el eventual interlocutor que fue dado de baja por las fuerzas militares, "conversemos" le dijo al Presidente en tono coloquial, mientras el mandatario en su discurso de posesión le recordaba que la llave de la paz no había sido arrojada al mar, pero  no hubo más acercamientos, siendo arrollados por la locomotora de la guerra cuando se creía que entraba en juego la política para construir la paz.

Posteriormente, el presidente Santos hizo un interesante planteamiento en el encuentro realizado en Bogotá por la Jurisdicción Constitucional, afirmando que "necesitamos una estrategia de cierre que nos saque definitivamente de los ciclos de violencia y haga que la paz sea sostenible y duradera".
Muerto Cano, el conflicto armado interno se prolonga indefinidamente y la paz queda aplazada sin remedio.

Quién lo suceda, poco importa, de lado y lado prevalecerán los carboneros de la locomotora de la guerra y pasarán años de confrontación sangrienta ocultándonos las verdaderas fórmulas de paz.
El nuevo jefe insurgente asumirá con la misión de demostrar que la guerrilla no está derrotada y que puede seguir propiciando golpes al ejército y la policía como desafortunadamente ocurrió el pasado sábado con el fusilamiento de los cuatro uniformados, en su convicción de que la insurrección armada es un paso necesario para el triunfo final.

En este ambiente de hostilidades y triunfalismo y en medio de la profunda desconfianza que persiste entre las partes, las posibilidades de acercamiento para emprender diálogos de paz están descartadas y pareciera inevitable la continuidad del conflicto armado que se prolonga ya por casi cinco décadas en Colombia.

Seguir la guerra es tal vez el camino más fácil para los guerreros, pero el más trágico para la población civil que habita las zonas de la confrontación armada.

El desplazamiento forzado y otras graves violaciones a los derechos humanos e infracciones al derecho internacional humanitario se acentúan luego de golpes contundentes como los que estamos observando  de cada lado de los combatientes.

¿Cuántos soldados, policías y guerrilleros muertos, heridos, mutilados, secuestrados o detenidos se necesitan antes de buscar una solución no militar?,
¿Cuántas víctimas civiles muertas, desaparecidas, desplazadas, detenidas arbitrariamente tenemos que soportar antes de construir una paz democrática, cierta y duradera?.

En conclusión, se debe resaltar que con la muerte del guerrillero  Alfonso Cano, con la ejecución a sangre fría de los cuatro integrantes de la fuerza pública secuestrados por más de 12 años en la selva, en una confrontación que todavía no encuentra mediación alguna, la locomotora de la guerra heredada de la administración anterior, encontró el combustible necesario para la prolongación de la misma y los colombianos tendremos que resignarnos definitivamente a los partes militares de los contendientes sin vivir el final del conflicto.

Antecedentes
La guerrilla y la fuerza pública, alimentan la locomotora de la guerra en Colombia, degradando el conflicto armado, perdiendo sintonía con la dinámica social y ciudadana empeñada en las transformaciones que puedan dar fundamento a la reconciliación y a la paz. No importa quién suceda al guerrillero pues pasarán años de confrontación.