Opinión

​Bogotá – ​Girardot: operación no retorno

 Estos son algunos ejemplos:

1. La vía Bogotá – Girardot nunca logró el objetivo de conectar a las dos ciudades en dos horas. 

Las dos horas se van en salir por Soacha o Mosquera. Los que concibieron las obras pensaron en las carreteras pero no en los accesos a las ciudades. La salida por Soacha resume la antítesis de la planeación urbana y el caos de la movilidad.

 2. Los concesionarios de los peajes ya deberían tener en funcionamiento los pagos electrónicos, pero las artimañas de burócratas del ministerio de Transporte han retrasado la adopción de un modelo único, sobre lo cual en algún momento se habló de pliegos amañados. 

A falta de tecnología, una rustica caja metálica sirve para recoger el dinero del peaje, como pasa en Chinauta, donde se improvisan cajas auxiliares en días de puente.  Pero lo que no tiene sentido es que el concesionario no ofrezca la opción de prepagar y con ello evitar trancones.  

3.  La doble calzada se quedó corta  hace rato, como se quedó corto el aeropuerto Eldorado, que ahora esta tan congestionado como antes de que hicieran la nueva obra, o como pasa con Transmilenio. Una tercera calzada a Girardot ofrecida por el concesionario podría solucionar en parte el problema pero perdería efecto si Soacha y Bosa siguen afectadas por el caos.

4. Los operadores de celulares tienen en sus contratos la obligación de ofrecer coberturas de red en todo el país. Este puente la mayor parte del trayecto hacia el sur del país tenía un servicio deficiente. Un accidente, una varada o un incendio forestal no se pueden reportar por la mala calidad de ese servicio. En Chinauta, intentar una llamada es imposible en un día de puente. 

5.   La Policía de Carreteras se vuelve impotente para manejar el flujo de vehículos en días de puente. Alzar el brazo para indicar el avance de vehículos es más una acción mecánica para dar la sensación de  autoridad que una solución para el trancón. Algunos echan de menos a “Palomino, el hombre en el camino”.

7.   En la carretera sacamos ese instinto primario que llevamos por dentro de buscar atajos: cerramos al que nos quitó el turno en el peaje, adelantamos por las bermas y los límites de velocidad son un reto para superar.  Estas es la otra Colombia salvaje.