Opinión

Y,¿qué haría usted por la paz?

Antes que todo pido mil disculpas por esta impertinente pregunta este el fin de semana de nuestro reinado nacional de la belleza, cuyo acto conmemorativo estuvo a cargo de dos aviones rusos que surcaron nuestros cielos al mejor estilo de los eventos conmemorativos más importantes del planeta. Pero este no es el fin de esta columna, porque como en las principales revistas aéreas del mundo, nuestros pilotos se quedaron redactando junto con la Ministra la “enérgica” nota de protesta al Gobierno Euroasiático. 

Mi pregunta va un poco más allá de la acostumbrada crítica que día a día elaboramos los colombianos en cualquiera de nuestras principales actividades. Desde un paseo de olla animado por los chascarrillos de Ernesto, pasando por unos drinks al mejor estilo “lucho” o Andrew Salamanca, o una cabalgata tintera con Álvaro, un tuit gubernamental de “nadie”, o una que otra leída de cuentos en calzoncillos con Juan Manuel; esta pregunta va encaminada más hacia lo social, hacia la capacidad que tenemos los colombianos de poner el futuro del país en las manos de otros. Pero realmente, desde nuestra iniciativa, ¿Qué estaríamos dispuestos a hacer por la paz de nuestro país? 

El panorama no es muy alentador, la alocución Presidencial del pasado miércoles, quizá una de las más importantes del Gobierno de Juan Manuel Santos por el contenido social y el enfoque representativo para el marco de la paz sólo contó con 8 puntos de rating. A lo mejor por escepticismo, por aburrimiento o por lo que sea; los colombianos, contaminados por las narco-novelas o realities de pronto queremos que el Presidente salga con la camiseta roja en algún cara a cara o que nos cante una que otra noticia en el equipo del maestro Cepeda para que podamos estar enterados de la situación histórica por la que estamos atravesando.

La mayoría de nuestra gente no ve noticias, no lee periódicos y en general no tiene idea de lo que pasa en el país. Más allá de las acostumbradas reuniones familiares para “arreglar el país”, los colombianos no nos hemos dado cuenta que la paz no es algo que depende de los que están vacacionando en Cuba, o del Presidente, o de los funcionarios públicos. La paz, depende de cada uno de nosotros, la paz depende del compromiso social que desarrollemos para aceptar por ejemplo a eventuales desmovilizados de la guerrilla en nuestro cotidiano. 

Un gran amigo me hizo reflexionar sobre el tema. “Si mañana llega una señora ex guerrillera a hacer aseo en su casa o a cuidar a su hijo, usted la aceptaría?”, ¿hasta dónde sacrificaría usted su confianza para alcanzar la paz? Ese es el gran reto, ahí está la diferencia, ahí se ve nuestro alcance y responsabilidad; ¿Perdón y olvido?, ¿aceptación social?, ¿amnesia selectiva?, ¿Confianza desbordada?, ¿Hasta dónde iría usted por lograr esa paz tan anhelada?

Mientras nuestras instituciones pelean entre ellas, los partidos políticos se tiran la pelota para saber quién tiene más culpa en el conflicto, nuestra constitución y normas son modificadas cual reina de belleza antes de su flamante salida al ruedo, ¿qué podemos hacer los colombianos para aportarle a la paz?.

Alguna vez una señora después de misa y visiblemente agitada y molesta se me acercó con su marido y me dijo: “no se quitó su gorra en toda la misa”. Posiblemente doña perfecta tenía razón y soy un irrespetuoso por no haberle mostrado mi pelo, o incluso por no haberle coqueteado con mi mujer al lado; de pronto ella quería que le tirara un besito, o que le mandara un papelito; lo único cierto es que sin quererlo, logré que doña perfecta en su mundo perfecto y de vigorosas creencias, olvidara que fue a misa ese domingo. ¿Eso es paz?, ¿doña perfecta está siendo coherente con la inclusión de su fe?, ¿doña perfecta estará preparada para un proceso de paz con un enemigo histórico?, ¿si el diablo estuviera sin gorra, doña perfecta se acostaría con él?  

Lamentablemente para ella y con mi gorra puesta, me dediqué a vivir aquella experiencia espiritual de la mejor manera, sin maltratar y apabullar a nadie en una fe que a veces dañan sus mismas ovejas. Así mismo funciona nuestro país; a veces no nos damos cuenta que nuestras creencias y posiciones están contaminadas por vestigios vergonzosos que nublan el fin común y los resultados de cualquier proceso.

¿Qué haría usted por la paz?, yo le sonreí a doña perfecta, aún la imagino por las noches con mi gorra.