Opinión

Petro, el mejor Alcalde de la vía láctea

Ni el muy famoso Alcalde Diamante, el de los Simpsons, ha dado crédito a este reconocimiento reciente para Gustavo. Para él, al igual que para el resto de la humanidad, este ha sido un auténtico baldado de agua fría #icebucketchallenge al cual nos ha retado The Huffington Post, uno de los diarios online más prestigiosos de Estados Unidos, el que a los pocos minutos de lanzar la noticia tuvo que borrar los números del supuesto ranking, aclarando que por ningún motivo dicha lista era un escalafón.

Y es que era de esperarse, Bogotá la querida por todos, menos por sus votantes, se sintió abofeteada con esta insinuación mundial que el mismo Petro sacó a la luz pública por algún tuit, su medio favorito para gobernar. Un alcalde dedicado a defenderse, que tiene tiempo para estar metido en redes sociales todo el día, que tiene a familiares involucrados en enredos de contratación con el distrito, que intenta convertir lo que queda de ciudad en un espeso bosque, que decreta a su antojo los modelos de recolección de basuras de la ciudad, que cierra escuelas y hospitales a su paso, al que se le salió de control el único sistema de transporte que servía en Bogotá, ¿cómo podría estar pensado siquiera para esta distinción?

Gustavo Petro, un hombre que hizo algo bueno en su vida como entregar las armas y reintegrarse a la sociedad, hace olvidar con creses sus pequeños aciertos mientras utiliza a su antojo las entidades distritales de forma tirana para hacer publicidad de su pobre administración, que sin saberse cómo, traspasa las barreras del balcón de su deteriorada alcaldía #bajequenoespaeso.

Esta alcaldía que hasta el día de hoy no arroja ningún resultado demostrable de la continuación, así él lo discuta, de la administración corrupta de su antesesor y hoy condenado Samuel Moreno, se ha dedicado a desvirtuar a su antojo a las autoridades supremas del Estado. Primero al Procurador, despues al Presidente a quien amenazó, calificó de torpe, traidor y mentiroso el día de la feliz destitución y ahora a los habitantes de Bogotá que no están en acuerdo con su gestión y políticas. El señor, quien alguna vez estuvo al otro lado del poder, en la insurgencia, tilda a sus contradictores políticos con palabras de grueso calibre, odio y desvinculación de las entidades que dependen directamente de su gobierno.

Así pues, Petro, el autoproclamado “rey del mundo”, “comandante supremo de las mil galaxias”, “emperador de la vía láctea”, y “sexto mejor alcalde de la tierra”, todas exageraciones algo insolentes, deberá por ahora dedicarse a la defensa de las críticas de su penosa y extensa aparición en el ámbito gubernamental del país, que requiere de forma urgente que llueva en la Guajira, que no se roben el presupuesto de Chocó y Buenaventura, que conecten el Amazonas, Vaupés, Caquetá y Guainía con el centro del territorio nacional, y que por último y no menos importante, le devuelvan los 13 años de inexistencia gubernamental a la muy amada y golpeada capital de la república. 

En aras de la verdad y para no ser injustos con la administración del mejor alcalde de la vía láctea, también adjuntamos algunas cifras de crecimiento en su administración. En los últimos dos años se arroja un notable incremento de más del 15% de la delincuencia en la ciudad; un aumento de más de 37 minutos en tiempos de recorrido en más de 100 cuadras y 18 minutos en 50; una sustancial elevación de las cifras por muertes violentas en un 9%; un crecimiento notorio de su free press negativo calculado en 40 impactos porcentuales diarios y el incremento de escándalos relacionados con la contratación pública en temas relacionados con infraestructura, salud y educación.

Es triste que lo único y verdaderamente importante es que la ciudad tenga que sufrir los coletazos enfermisos de esas autoproclamaciones. Ya suficiente tenemos con el incalculable atrazo de más de una década en todas las carteras distritales. Ahora lo que hay que esperar es que pasen estos meses, ojalá para escoger a alguien experto en el desastre que nos han regalado históricamente los últimos tres grupos de electores.