Opinión

Mesotelioma y asbestosis son enfermedades laborales

Y es que las denuncias presentadas en diferentes medios de comunicación, derechos de petición a autoridades del Gobierno, Alcaldías y Gobernaciones del país, hasta el momento no habían arrojado un mensaje contundente a favor de las personas que son afectadas sin saberlo por este mineral. Empresas privadas, personas naturales e incluso el Ministerio de Trabajo de Colombia en la ya mencionada Comisión del Asbesto, se han amparado en la estrategia de “uso seguro” de este mineral casi que con el único fin de posponer una prohibición inevitable del compuesto maligno. 

Con este anuncio del Gobierno se demuestra una vez más que el empecinamiento por mantener esta fibra en el país, abrir nuevas minas de este mineral y seguir contaminando a trabajadores, consumidores y medio ambiente, no es más que un capricho económico que desconoce la responsabilidad vital de los seres humanos. Países del primer mundo, con años luz sobre nuestros procesos industriales, hace más de dos décadas hicieron la reconversión de esta fibra maligna a otras fibras amigables con el medio ambiente y la salud pública; en Colombia, aún creemos que somos invulnerables a esta realidad y que con unos guantes y una máscara, nada nos va a pasar.

El debate ya por lo menos tiene más altura. Ya dejó de ser una denuncia sin fundamento por parte de los amigos del asbesto que catalogan a los defensores de la vida y el medio ambiente como interesados económicos de una coyuntura mundial, y se ha tornado interesante en lo legal, fundamentado en lo técnico y soportado en lo histórico. 

Es una realidad, la gente sin distinción alguna, trabajadores, empresarios, consumidores y demás, pueden adquirir enfermedades mortales si tienen contacto con este mineral y hasta ahora ninguna autoridad en el país lo había decretado en un contexto laboral.

Alcira Forero es una de las víctimas más sonadas en el contexto nacional. Ella, gracias a su trabajo durante casi 14 años en un taller de frenos contrajo un mesotelioma pleural.

 A pesar de que su EPS consideró que el origen de la enfermedad obedece a la exposición del asbesto, y de acuerdo a los resultados emitidos por el Departamento de Genética Humana del Hospital San Ignacio, que confirmó que el origen de su enfermedad es de carácter profesional; su ARL Colmena apeló el dictamen, el cual según Junta Nacional lo simplifica a una enfermedad común, la cual ya padece hace más de dos años.

A partir de esta medida gubernamental, Alcira y otras víctimas de mesotelioma o asbestosis que hayan obtenido estas enfermedades en un ámbito laboral, pueden iniciar diferentes acciones frente a sus empleadores para que respondan directamente por su tratamiento. 

La ARL Colmena, que aparentemente descalificó la enfermedad profesional de Alcira a un carácter “común” tendrá que darle al país varias explicaciones sobre su presunta negligencia, la cual si hubiera sido tomada a favor del paciente y de manera célere, posiblemente no hubieran pasado más de 27 meses de incalculables procedimientos médicos.

Con absoluta seguridad, las acciones legales que se emprenderán a partir de este pronunciamiento gubernamental van a incrementarse notablemente en un país en el que finalmente un dolor pulmonar lo pueden catalogar como una gripa. 

Los consumidores deben estar enterados de los riesgos de este material y quienes lo extraen, fabrican y comercializan deberán estar enterados de las acciones legales y multimillonarias, por omitir su responsabilidad con la cuota mortal anual de esta fibra.