Opinión

Deportistas colombianos sin doping ni revertrex

Placenteramente, en bicicleta, dando saltos, clavándose en diferentes aguas desde lo más alto, a caballo, con una flecha, sentados en una mesa de ajedrez, patinando, etc. Los deportistas colombianos, hechos a pulso, SOLOS, con sus ahorros, sus lágrimas y esfuerzo, hoy nos dan una cachetada deliciosa, elegante y bien puesta en donde más nos duele, en las pelotas de fútbol.

Acostumbrados a sufrir, disfrutar, llorar, apostar y burlarnos del que pierde, los colombianos cada tres días ponemos nuestra fe en un balón de fútbol. Con las tribunas vacías, incluso en torneos internacionales, nuestros equipos salen a dar lo mejor de sí para enorgullecer a su afición, la cual desde su casa simplemente apaga el televisor si su equipo pierde, o prende el computador y empieza a transcribir cada gol en todas las redes sociales.

Así como olvidamos fácilmente el proceso 8000, la toma del Palacio de Justicia, los falsos positivos, la indemnización que pidió Ingrid, la campaña de Mockus, el canto de Nohemí, los abrazos de Petro y Samuel Moreno e incluso los calzoncillos del Presidente; así mismo olvidamos cada triunfo y cada derrota de nuestros deportistas. Nombres como Caterine Ibargüen Mena y Nairo Alexander Quintana Rojas, no más por mencionar a dos grandes exponentes de esta última semana, son nombres que solo salen en la efusividad de sus triunfos, los cuales como buenos colombianos, adoptamos únicamente en el momento de la premiación.

¿Qué ha pasado con tantas promesas hechas por el Gobierno Nacional?, ¿En dónde están las casas que les prometieron a sus familias?, ¿Por qué cada deportista exitoso tiene que buscar una curul en el Senado?, ¿en dónde está la inversión para el deporte nacional?, ¿Cuál es el presupuesto que tendríamos que otorgarle a estos verdaderos embajadores del país?. Estas son muchas preguntas que salen a relucir por estos días, pero que nadie ha adoptado con seriedad para desarrollar una estrategia sostenible que garantice el futuro de tantos miles que a punta de “aguapanela” encuentran en el deporte, una opción digna para surgir y hacer historia por esta patria.

Sin doping, sin revertrex, sin “agüita para mi gente”, nuestro himno nacional suena más internacionalmente que en las izadas de banderas de los colegios del país. Son miles los atletas, deportistas y profesionales de alto rendimiento que día a día salen con su maletín a buscar un respaldo, un patrocinio o una que otra garantía de una empresa privada, así en el fondo lo usen para su estrategia de marca y free press. Nuestros deportistas, “a pelo”, “con las uñas”, no pueden concentrarse en lo que mejor saben hacer, también les toca ser sus propios abogados, managers, utileros y agentes de viajes; y cuando ya tienen un nombre, los adoptamos como nuestros y queremos “robarle” sus méritos invitándolos a los eventos más importantes de la compañía, eso sí, con un backing gigante, que resalte el logo de la empresa sobre las dos piernas del gigante Nairo.

Ojalá las políticas a favor del deporte fueran constantes y no de momentos o por los calores de una medalla esporádica. Señores del Gobierno, tanto en lo colectivo como en lo individual, nuestros deportistas se están rompiendo el lomo por ellos mismos pero también por el buen nombre de Colombia. Nunca habíamos tenido una “camada” tan sobresaliente en todas las disciplinas; incluso en el fútbol, estamos volviendo a tener un nombre digno, casi tan histórico como aquella época dorada de los 90s.

Tres llamados importantes desde esta columna: a los hinchas para que no sean tan acomodados y acompañen a su equipo o deportista a los escenarios deportivos diseñados para ellos; al Gobierno Nacional para que desarrolle políticas de alto impacto que no dejen sus promesas inconclusas y a la empresa privada, así sea por estrategia y retorno de la inversión, para que adopten en cualquier rincón del país y en cualquier modalidad del deporte a alguien que seguramente en un futuro será más valioso que su mismo producto.