Opinión

7 de agosto, aún no saldamos la cuenta con nuestra patria

Colombia, un Estado social de derecho, cuyos nacionales históricamente hemos padecido el flagelo de la inoperancia gubernamental en lo verdaderamente importante para la sociedad, llega pasado mañana a un “nuevo” ciclo Gubernamental con una deuda enorme a favor de los ciudadanos, la equidad y el mérito.

Estas semanas hemos comenzado a ver cómo se mueven a discreción las carteras gubernamentales y los Ministerios, como una respuesta obvia a la maquinaria dispuesta para ganar las anteriores elecciones. Sin decir que Oscar Iván no hubiera hecho lo mismo, está claro que el Presidente Santos podría tener algunos desaciertos importantes a la hora de “saldar” esas cuotas políticas que ojalá no traigan mucha polarización y desmane radicalista y comunista en una sociedad cansada de tantos engaños en las campañas.

Sin arrancar su segundo periodo Presidencial y habiendo ganado las elecciones con una propuesta única de paz, el Presidente Santos ya se ha visto obligado a hablar de tener que terminar eventualmente este proceso por los premonitorios y obvios abusos terroristas de las Farc a los que nos tienen sometidos diariamente. Él, quien en su campaña persuadió a los electores con este argumento pacífico, ha tenido que moldear su discurso reeleccionista dándole en parte la razón a sus oponentes políticos.

Pero las deudas con nuestra patria son aún más complejas que la misma paz. Nuestro siniestro sistema de salud dedicado a dañarles la paciencia y la salud misma a los colombianos, es casi tan perverso como los vacíos jurídicos de nuestra constitución a la hora de judicializar los crímenes. Pasando por la escases de cárceles y la pobreza jurídica de nuestros castigos a criminales, asesinos y bien llamados coprológicos violadores como Garavito, nuestro sistema de justicia hoy castiga de igual a igual a un ladrón de camisetas que a un violador y matón empedernido.  

Ni el mismo Simón, pero Bolívar, a quien sí le gustaba leer, habría imaginado que casi dos centenas de años después, su senda libertadora hubiera concluido con tantas carencias. Buenaventura por ejemplo, el puerto más importante de América Latina, de donde salen y a donde llegan diferentes productos para repartir en todo el continente; no ha dejado de ser un triste y pobre paradero de delincuencia y crimen organizado en donde la corrupción hace su presencia y se manifiesta en la cara “visionaria” de sus dirigentes.

Casos semejantes como Chocó, Casanare, Vichada, Guanía, Vaupés, Caquetá y el mismo Amazonas, Departamentos a donde en algunos casos no podemos llegar ni en carro, son una muestra de esa inoperancia y olvido Gubernamental al que hemos estado sometidos históricamente. Nuestra justicia, nuestra educación, nuestra salud, nuestro transporte, nuestra defensa y hasta el mismo comercio, han sido insuficientes a la hora de fundamentar la mentira libertadora a la cual hemos estado sometidos.

Los colombianos necesitamos un Gobierno comprometido con las necesidades particulares del pueblo. No queremos más un Gobierno pendiente de las causas particulares de los partidos, no queremos más “palancazos” de Unidad Nacional, no queremos más vicios protagónicos en el Senado, en el Congreso, en las altas Cortes. Necesitamos resultados, necesitamos fortalecimiento en el deporte, necesitamos políticas a favor de la vida, necesitamos ser incluyentes en nuestra constitución, necesitamos celeridad, necesitamos una justicia fuerte y unos ejecutores de justicia que no se puedan comprar. 

Colombia, llega pasado mañana a otro 7 de agosto más que con una deuda con su historia, con vacíos graves de focalización gubernamental en la esencia particular de su pueblo. 

No habrá paz mientras no enmendemos las deudas de equidad con todos nuestros nacionales, no existirá justicia mientras no se valore realmente el mérito de nuestro potencial laboral y se sigan premiando los favores políticos, y no se disfrutará realmente de una democracia fortalecida y digna mientras no le imprimamos celeridad y sentido común a las necesidades de nuestra gente.