Opinión

Apuestas y deporte

Hace un poco más de diez años las grandes casas de apuestas, más o menos restringidas al Reino Unido y Estados Unidos hicieron su entrada (¿triunfal?) al deporte del resto del mundo y especialmente al fútbol. 

Sus nombres y logos se ubicaron en las camisetas de los equipos más representativos y en la actualidad están en la publicidad estática de prácticamente todos los estadios de Europa y algunas son patrocinadores oficiales de varias ligas profesionales de ese continente.

En el oscuro pasado del fútbol colombiano el rumor generalizado era que los grandes varones del narcotráfico apostaban sumas enormes de dinero a su equipo y que hacían todo lo humanamente posible (para ellos) para ganar; las muertes de un árbitro y varios jugadores parecen corroborar estas afirmaciones. Afortunadamente en la actualidad este no es un problema del nuestro fútbol. 

Más o menos por la misma época, en Italia, el equipo de futbol AC Milan y el grandísimo Paolo Rossi fueron el primero relegado a segunda división y el segundo suspendido durante dos años por participar en una trama oscura de apuestas, el totonero.

Fifa, consiente de esta situación, desde hace algún tiempo ha iniciado un programa en contra del amaño de partidos y en la actualidad es uno de sus programas de mayor alcance. Se trata de EWS (Early Warning System) fundada para proteger la integridad del deporte supervisando el mercado internacional de apuestas deportivas. Esperemos que los escándalos de corrupción, que hasta ahora no ha tenido nada que ver con apuestas, no acabe salpicando esta iniciativa. 

Las apuestas, legales e ilegales, mueven cantidades enormes de dinero, los apostadores, cada vez más poderosos económicamente hablando y las nuevas tecnologías han hecho que estas sean un peligro real para el desarrollo del deporte. 

Veamos el caso del tenis, desde el inicio del actual abierto de Australia se han manejado toda clase de rumores sobre el amaño de partidos, aparentemente es fácil, barato y muy rápido arreglar un partido o modificar el desarrollo normal del mismo. Un teléfono móvil y dos espectadores son suficientes para, mediante señas, arreglar el marcador final,  el resultado de un set específico, producir una doble falta o cualquiera otra situación normal de este deporte.

Así como el tabaco y el alcohol han sido de manera lenta pero definitiva retirados del fútbol, se debería hacer lo propio con las casas de apuestas, no puede ser que uno de los mayores flagelos del deporte sea a su vez uno de sus mayores patrocinadores; está bien, no son las grandes casas apostadoras las que fomentan el amaño de partidos; sin embargo, son las apuestas en general las que están moviendo el deporte a lugares y situaciones donde la integridad del mismo y la seguridad de sus participantes está en juego. Al igual que el tabaco y el alcohol, el lugar dejado por estas compañías será rápidamente ocupado por otras que seguramente no pondrán en peligro el resultado final.