Opinión

El río Magdalena es la esperanza II

Llevamos 200 años como República, tratando tímidamente y sin decisión de explotar el río Magdalena, como eje del transporte de pasajeros y de carga. Juan B. Elbers, el alemán que le suministró a Bolívar las armas para la lucha independentista fue el primero en entender la importancia del gran río de Colombia.

Cuando se hizo presidente, Bolívar le entregó a Elbers la concesión de la navegación a vapor por el Magdalena. Con la experiencia de Elbers como marino, el experimento al principio resultó bien, pero a los pocos años comenzaron las dificultades. La envidia y la intriga palaciega en Bogotá, ocasionaron que Santander -a la sazón presidente-  terminara de un plumazo con la concesión, quedando este primer gran emprendimiento a medias y sin tiempo para su desarrollo y maduración.

Luego acontecieron una serie de fracasos generacionales de los gobiernos de turno y de empresas nacionales y extranjeras, que sucumbieron al salvajismo propio de un río fuerte, indómito, único, un río que es el sexto más sedimentado del mundo, un monstruo que nace a más de 3600 metros de altura en un recorrido con una longitud de 1.650 kilómetros aproximadamente, que se divide en tres grandes zonas: Alto Magdalena: desde su nacimiento en el departamento del Huila a la población de Honda; Magdalena Medio: desde Honda hasta Regidor en el departamento de Bolívar; y Bajo Magdalena: desde Regidor hasta la desembocadura en Bocas de Ceniza en Barranquilla.

El río Misisipi tardó mucho tiempo en desarrollarse: poco a poco, pero con constancia fueron estabilizando su cauce, construyendo jarillones o muros en las orillas para hacer estable su recorrido. Los norteamericanos entendieron que, si desarrollaban el río Misisipi, despegarían social y económicamente. Con un río navegable, estable y controlado, los “gringos” explotan la agricultura y la industria al máximo. El Misisipi fue en gran medida el “gestor” del desarrollo económico y cultural de los Estados Unidos, como lo han sido todos los grandes ríos del mundo a lo largo de la historia de la humanidad.

Barranquilla es la puerta de entrada del río Magdalena, la ciudad geográficamente mejor ubicada de América, y, como puerto principal del río, debe estar diseñada y preparada para esa gran responsabilidad. Para recibir barcos de gran tamaño y calado, la profundidad de los 22 kilómetros del canal navegable de Barranquilla no debe ser inferior a 60 pies. Si logramos eso, grandes empresas e industrias nacionales y extranjeras buscarán establecerse en “Curramba”, y el desempleo y la pobreza se reducirían sustancialmente en todo el país.

Ojalá los intereses políticos y económicos no sigan siendo la piedra en el zapato para desarrollar de una buena vez el río Magdalena. Espero que, cuando los poderosos dueños de las concesiones viales del interior del país presionen al gobierno, el Presidente no se deje amedrentar. A los duros de las carreteras no les conviene que el Magdalena sea navegable, porque se les acaba el negocio. 

Lo ideal es que se adjudique pronto la concesión a gente seria y comprometida, que ejecute las necesidades técnicas que se requieren y que entienda, sin ambages, que el río Magdalena es la esperanza de Colombia.

La ñapa I: Acertada ratificación la de Cecilia Álvarez en el Ministerio de Transporte.  Se trata de una funcionaria decente y trabajadora. 

La ñapa II: Las Farc no han podido entender que la guerra es con la Fuerza Pública y no con los civiles. ¡Basta ya!

La ñapa III: Santos, en campaña, calló sobre los excesos de las Farc; ahora amenaza con terminar el proceso, lo cual demuestra que los políticos son capaces de cualquier cosa por mantener el poder.