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Analistas 01/06/2021

Rompiendo la desconexión

Vicente Echandía
Diplomático

En medio del desorden, los bloqueos y el vandalismo, se le va olvidando a uno cómo es que esto es una democracia (supuestamente) funcional. Además de los evidentes interesados en profundizar la sensación de caos y desesperanza, la realidad nos ha aterrizado sobre algo que, de tanto repetir, ha terminado por convertirse en un elemento más del paisaje; la (creciente) desconexión entre quienes nos deben representar y los representados, y el cada vez más deficiente sistema de canales a través de los cuales los ciudadanos nos hacemos escuchar. No solo es un problema de a quiénes elegimos y su desinterés por mantener la comunicación con los electores, sino también de la estructura que favorece que, una vez elegidos, desparezcan los escasos canales de comunicación que aún quedan.

No es difícil constatar esa lejanía ¿desde que iniciaron las protestas, alguien sabe dónde están los 280 senadores y representantes? Más allá de uno que otro sacando provecho político de la situación con miras a las elecciones de 2022, no ha salido una propuesta, una idea, un liderazgo que ayude a sacar adelante esta situación.

En Colombia la mayoría de los representantes a la Cámara se elige por circunscripción territorial (además de algunas curules para circunscripciones especiales), mientras que los senadores tienen circunscripción nacional. Eso básicamente quiere decir que los representantes se eligen en representación de un departamento y los senadores en representación del país. Así no hay forma de generar una conexión.

Trabajando con el Congreso de los Estados Unidos y el Reino Unido, tuve la posibilidad de ver la cercanía que pueden llegar a tener los elegidos con sus electores. En estos países, los miembros de la Cámara de Representantes y la Cámara de los Comunes son elegidos con base en distritos electorales, que no son otra cosa que límites territoriales basados en la cantidad de habitantes de un departamento. De esta manera, en cambio de tener representantes por departamento, se elige un representante por cada distrito electoral, lo que de entrada genera una mayor claridad sobre quién representa a quién.
En la práctica, y usando como ejemplo a Bogotá, se pasaría de tener 18 curules, cada una representando a los casi ocho millones de bogotanos, a las mismas 18 curules, pero cada una representando a un distrito electoral de alrededor de 450.000 personas. Aunque parece un numero muy grande, es menor que los 600.000 por representante en los Estados Unidos y muchos, pero muchos menos, que los ocho millones que en la actualidad se supone que representan.

Esta no es una idea nueva, y muchas veces, seguramente en momentos como el actual, se ha ventilado. Muchos dirán que el problema de la falta de representatividad no se resuelve solo cambiando el sistema. Sin embargo, creo que lo que sería ilógico es no cambiar un sistema que a todas luces no funciona. Estoy seguro de que una parte de la frustración de los colombianos con los políticos es su incapacidad de hacerse oír frente a los temas de alcance nacional.

Hablar por todo un departamento, o en el caso de los senadores todo un país, hace imposible tener un mandato claro para liderar una posición, que es lo que debería estar haciendo el Congreso en una coyuntura como la que estamos atravesando. Cambiar el sistema de elección es una propuesta en el camino correcto.