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Hora de subir tasas

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Durante los últimos meses el Banco de la República se ha visto enfrentado al dilema de inflación creciente, acompañada de desaceleración económica. Esto naturalmente dificulta su decisión en materia de tasas, ya que el Banco quisiera evitar precipitar una mayor desaceleración de la economía, particularmente en condiciones de alta volatilidad e incertidumbre en los mercados financieros internacionales. 

Sin embargo, un incremento de tasas parece inevitable. La inflación, que lleva meses por fuera del rango meta del Emisor, alcanzó 4,7% en el mes de agosto. El fenómeno de El Niño no facilitará su descenso, incluso si la economía continúa enfriándose. El Banco de la República no suele responder a choques de oferta, sin embargo, se verá obligado a reaccionar en la medida en que la inflación observada incremente las expectativas. La inflación de los bienes transables ha ascendido rápidamente, y alcanzó 5,2%, como resultado de la depreciación. De otra parte, la inflación de bienes no transables también ha seguido subiendo, alcanzando 4%, lo que revela la presencia de presiones de demanda. 

Ahora bien, la economía en efecto se está desacelerando. Creció apenas 3% en el segundo trimestre, y muy seguramente crecerá menos en la segunda mitad del año. Sin embargo, la tasa de desempleo, en 8,8%, ha seguido bajando. El desempleo suele demorarse en reaccionar, pero deberá comenzar a crecer en los próximos meses. De hecho, un indicio del deterioro en el mercado laboral es que el empleo informal está creciendo más rápidamente que el formal, por primera vez desde 2012. 

El consumo de los hogares, por otra parte, se ha desacelerado sólo moderadamente. El consumo de servicios (más del 50% del consumo total) aun crece por encima de 4%. La cartera de consumo, por otra parte, está creciendo a una tasa de 13,2%, que parece excesiva para una economía que se está debilitando. 

Los factores que podrían apuntar a que el Emisor decidiera postergar la decisión de subir tasas incluyen la abrupta caída en la confianza del consumidor el mes de agosto, así como la marcada desaceleración de la inversión de acuerdo con los resultados de PIB del segundo trimestre. Ambos factores – relacionados con la mayor incertidumbre que se ha visto reflejada en la depreciación del tipo de cambio – podrían indicar un enfriamiento más fuerte de la economía. De otra parte, el que la Reserva Federal no hubiera subido sus tasas la semana pasada, parece haber generado un compás de espera en otras economías emergentes para ajustar su política monetaria. 

No obstante, la fortaleza de la demanda, sumada a una inflación al alza, indican que las condiciones están dadas para subir tasas en Colombia. La pregunta es cuándo. Todo apunta a que el Banco se verá forzado, más pronto que tarde, a incrementar sus tasas enviando una señal contundente de su compromiso con una inflación controlada, y forzando un ajuste en la demanda, que parece no haberse dado cuenta de que con los actuales precios del petróleo, no se puede gastar al mismo ritmo.  La moderación de la demanda contribuirá también a cerrar el déficit en cuenta corriente, que en 5,4% del PIB aun es preocupante. Si bien, dado el bajísimo nivel de la tasa de interés en términos reales, la política monetaria seguirá siendo expansiva después de un incremento de tasas, el cambio de discurso es el primer paso para propiciar un ajuste.
 

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