De remesas y vivienda

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Las remesas enviadas a colombianos por sus familiares desde el exterior se encuentran en auge; la cifra de envíos en 2018 registró US$6.365 millones, la más alta de la historia para nuestro país, completando tres años en serie con cifras récord. ¿Para qué sirven? ¿Por qué tanto crecimiento? ¿Cómo lograr que las remesas terminen en compra de vivienda?

Estos dividendos impactan nuestra economía de forma diversa. Cuando la migración no está afincada, o la mano de obra de quien las envía es de baja calificación, el receptor las utiliza fundamentalmente para su manutención; lamentablemente es la mayoría de los casos, por cuanto que, para cientos de hogares del país, las remesas corresponden a su sustento mensual.

Pero, cuando la migración tiene mayor estabilidad, o la mano de obra está capacitada con mejor nivel educativo, los recursos recibidos generalmente son utilizados en gastos de mediano plazo, en ahorro, en compra de vivienda. En Nueva York, por ejemplo, para gran número de colombianos, la duración de su migración es alta, lo que les da estabilidad laboral o que su emprendimiento esté fortalecido, siendo fuente de divisas de mejor impacto.

La recuperación económica mundial de los últimos años, especialmente de Estados Unidos y España, países que representan el origen de la mayor parte del monto de las remesas, ha sido causa del incremento de estas. De manera complementaria, la devaluación del peso colombiano hace que aumente la capacidad de consumo y de compra con los mismos dólares o euros.

El efecto práctico de la devaluación de nuestra moneda es entonces que aumenta la capacidad de compra de los migrantes que desean invertir en Colombia. Gran oportunidad para hacer efectiva la demanda por finca raíz. Es preferible pagar cuota de crédito hipotecario para adquirir vivienda, que gasto en arriendo por parte de los familiares que reciben las remesas. La vivienda es la mejor manera de ahorro y de formación patrimonial de los hogares.

Ahora bien, se hace necesario superar el mal desempeño de la construcción de edificaciones mostrado en los últimos años, ocasionado por el ciclo económico, por falta de continuidad de políticas públicas, por recortes presupuestales a incentivos para la demanda, por mala gestión de algunas administraciones locales, por falta de profundización de crédito hipotecario y por problemas de mercado, esto último especialmente en viviendas de estratos altos y en oficinas. Por fortuna, se comienza a vislumbrar una lenta pero clara recuperación.

Los bancos tienen la palabra en apoyar a los constructores con experiencia para salir de la coyuntura con inventario, contribuir en el cierre financiero para que los migrantes con sus familiares beneficiados de las remesas obtengan crédito de largo plazo para adquirir vivienda; en fin, en profundizar el apoyo crediticio para beneficio del sector inmobiliario y del país. En complemento, el mercado de capitales como un instrumento de desarrollo inmobiliario comienza a ser protagonista.

Las remesas, en la medida que se complementen con crédito bancario, tienen vocación de aumentar su contribución para el necesario crecimiento de la construcción de edificaciones, especialmente de vivienda. Cuando la construcción de vivienda formal crece, crece el empleo y se consolida el mejor desempeño de la economía.

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