Sobre el debate de la productividad en Colombia

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*Con la colaboración de Juan David Idrobo y Carlos Camelo

Señalábamos recientemente que se habían producido múltiples análisis sobre las principales causas de
la desaceleración económica y del estancamiento en productividad en América Latina durante 2014-2018
(ver Informe Semanal No. 1448 de febrero de 2019). Las fórmulas para superar estos problemas incluían: i) mejorar las instituciones; ii) ganar en formalización económica e inclusión social; iii) incrementar la dotación de bienes públicos, especialmente los referidos a infraestructura de transporte; y iv) aprovechar los TLCs para diversificar las exportaciones y, de esta manera, volcarse sobre productos-servicios que conlleven innovación, ver Banco Mundial (2018): “Productivity Revisited” y CAF (2018): “Instituciones para la Productividad”.

Concluíamos que, infortunadamente, esos diagnósticos conducen una y otra vez a repetir fórmulas que no se logran implementar y que, por ello, lucía poco probable que la región lograra acelerar su crecimiento hacia el 4% anual durante 2019-2020, dado el lastre que ha representado mantener crecimientos tan pobres como del 0.5% anual durante este último quinquenio. De allí la importancia de pasar revista a estos diagnósticos sobre postración del crecimiento y de la productividad multifactorial (PTF) de la región, la cual ha venido contribuyendo de manera negativa a dicho crecimiento (-0,5% anual promedio) y por qué ella representa apenas un 40% de la PTF observada en Estados Unidos durante la última década.

Prospectivamente, no basta con repetir que “las instituciones mandan” a la hora de buscar la fórmula diferenciadora del mayor crecimiento, pues lo importante es saber la forma en que se “construyen esas instituciones”. De hecho, los mismos diagnósticos de las multilaterales no son concluyentes en cuanto
al rol de las instituciones en la productividad. Por ejemplo, mientras Chile reporta buenos desempeños institucionales (0,78 promedio sobre un máximo de 1) y Colombia pobres (0,46), se tiene la sorpresa
de que en ambos países la brecha en ingreso per cápita respecto a Estados Unidos se explica en un
80% por su baja PTF. Dicho de otra manera, ambos países tienen un grave problema de productividad
relativo a su PIB per cápita.

Hemos visto con interés esfuerzos recientes del Banco de la Republica (BR) por contribuir al debate desde una perspectiva sectorial. Por ejemplo, en su revista Ensayos Sobre Política Económica (ESPE) se publicó un estudio sobre productividad del sector agropecuario, donde encontraron que, en términos generales, los obstáculos a la productividad comunes a todos los agentes económicos explican cerca del 50% de la brecha productiva con el agro de Estados Unidos. También cabe destacar los aportes del Uniandes-CEDE a través de sus boletines macroeconómicos. Por ejemplo, en su No. 4 de marzo de 2019 se analiza la problemática desde el tamaño de la firma y de sus comparaciones con desempeños internacionales.

A primera vista se podría concluir que el diagnostico macroeconómico de lo que Anif ha denominado “Costo Colombia” (ver cuadros adjuntos) sería algo incompatible con las conclusiones de los enfoques
sectoriales como los del BR o Uniandes-CEDE, pues estos últimos enfatizan que los problemas de productividad de “puertas para adentro” son mucho menores. Sin embargo, aquí queremos argumentar
que estos diagnósticos macro/micro se complementan, y sus soluciones apuntan en la misma dirección.

En efecto, los enfoques micro encuentran obstáculos para incrementar la productividad en temas relacionados con: altos costos laborales, carencia de infraestructura, falta de logística, pobre capital humano pertinente para incrementar la productividad en la firma, discriminación tributaria a través de zonas francas. Pero Anif catalogaría esos como “problemas microeconómicos al interior de las firmas”; ellos están relacionados con los “Costos-Colombia” a nivel macro, los cuales afectan a todas las firmas.

Con los enfoques sectoriales también tenemos discrepancias entre causa y efecto. Por ejemplo, Anif considera que el problema de “enanismo de la firma” que encuentra Uniandes-CEDE no es una causa, sino un resultado de la problemática arriba descrita. El bajo capital humano pertinente para incrementar la PTF en las firmas tiene muchas causas, pero una de ellas ha sido la falta de sinergias entre las universidades y las firmas, tal como lo han venido destacando las Cámaras de Comercio de
Colombia (ver Gran Encuesta Pyme 2018-II). Esto contrasta, por ejemplo, con el estrecho vínculo de las facultades de ingeniería, economía y administración de Estados Unidos y Corea del Sur con su sector productivo, lo cual se refleja en las patentes generadas por dichas universidades.

En síntesis, consideramos que los diagnósticos de baja productividad y bajo crecimiento de América Latina requieren menos “academicismos” y más enfoques prácticos sobre sus determinantes. Bienvenidos los nuevos enfoques a nivel micro-sectorial, los cuales se volverán cada vez más importantes frente a los conocidos cambios digitales, con grandes impactos comerciales y en robótica. Pero esto debe reforzarse con un mejor entendimiento de las limitantes macroeconómicas relativas a lo que en el caso de Colombia hemos denominado la problemática de “sobrecostos” de transporte, salariales y energéticos.
Seguir culpando a las débiles instituciones de estos estancamientos probablemente aporta menos que focalizarnos en la pronta reducción de dichos sobrecostos, que limitan la innovación y la diversificación productiva.

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