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Distribución del ingreso y la relación capital humano/suerte

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La literatura económica reciente sobre distribución del ingreso ha venido analizando los dos paradigmas que se han generado en el mundo occidental: Estados Unidos vs. Europa. De un lado, aparece el modelo Norteamericano, donde hasta hace poco se afirmaba que allí prevalecía la “meritocracia” y el “ascensor social”, basado en el aprovechamiento de la buena educación y de un mundo amplio de oportunidades.

 
Sin embargo, el problema con este “sueño Americano” es que cada vez más se ha venido concentrando el ingreso y la riqueza en manos de unos pocos (elevándose su Gini de 0.43 a 0.48 en las dos últimas décadas). Esto se manifiesta culturalmente en la aceptación de que el “ganador se lleva todo” y el resto (“los perdedores”) no deben esperar una intervención pronunciada del Estado para salvarlos, pues implícitamente sus resultados en materia de empleo y bienestar serían atribuibles, prima facie, a su dedicación y encomio (o la falta de ello).
 
El otro paradigma alternativo, que prevalece en Europa, parte del supuesto de que los resultados en empleo y bienestar a nivel individual, en realidad, son atribuibles a una serie de imponderables, donde “la suerte” (y no el capital humano) juegan un papel central. De esta manera, “el colectivo” europeo justificaría una pronunciada intervención del Estado para “nivelar” los resultados en materia de bienestar.
 
Alesina y Angeletos (AER, 2005), y más recientemente Di Tella y Dubra (AER, 2013), han venido contribuyendo al entendimiento conceptual de estos dos modelos sociales de Estados Unidos vs. Europa. Para ello han planteado teorías que buscan establecer el comportamiento de la razón Capital Humano/Suerte (conocida en la literatura como la razón Señales/Ruido). Digamos que, en Estados Unidos, dicha razón sería superior a la unidad (donde prevalece el capital humano) y Europa sería inferior a uno (dominada por el factor suerte).
 
La discusión académica se ha centrado en saber si esos arreglos, en uno y otro caso, darían lugar a “equilibrios múltiples”, donde no se puede saber de antemano cuál de los dos modelos conduciría a mayores niveles de bienestar, dado el papel central que juega en todo ello la tasa de tributación. En Estados Unidos la tributación efectiva tiende a ser más baja que en Europa, pues el Estado opera sobre la base de que “cada quien es responsable de sus actos”, mientras que en Europa el gasto asistencialista es elevado, buscando compensar los desiguales efectos que causa el factor suerte.
 
En términos históricos no deja de ser algo irónico que tanto Estados Unidos como Europa hayan entrado en una profunda crisis hipotecaria, fiscal y de “modelo social” durante 2007-2013. Dicha crisis ha llevado a que ambos bloques estén teniendo que replantearse “equilibrios sostenibles” de sus sistemas financieros, sus sistemas impositivos y recortar sus beneficios de seguridad social, claramente insostenibles. Mientras en Estados Unidos la relación Deuda Pública/PIB bordea actualmente el 110%, en Europa promedia un 90%, haciendo poco discernible la diferencia en resultados fiscales, aunque probablemente al modelo europeo le va mejor que al de Estados Unidos en equilibrios sociales con un Gini promedio de 0.31 vs. el 0.47 de Estados Unidos entre 2007-2011.
 
¿En qué modelo encaja Colombia: más cerca del modelo norteamericano que del europeo? ¿Acaso la relación Capital Humano/Suerte es superior a uno en Colombia? Las respuestas no son nada fáciles, ni intuitivas. Por ejemplo, dada la prevalencia en Colombia de “los roscogramas”, el “amigüismo”, “la familia extendida”, uno estaría inclinado a pensar que la suerte predomina más que el capital humano. Esto llamaría a mayor intervención Estatal para “nivelar la cancha”.
 
Sin embargo, en Colombia somos poco dados a aceptar altos niveles de tributación y, por lo tanto, la ausencia de Estado es notoria, inclusive en los temas más básicos de “respeto por la vida” o ejercicio del “imperio de la ley”. Otro rasgo factual que nos inclinaría más hacia el modelo norteamericano tiene que ver con el no reconocimiento de la concentración del ingreso como un problema grave.
 
Eduardo Wiesner nos comentaba que, el reciente ejercicio adelantado por Anif sobre “percepción” de inequidad, se podía analizar dentro de ese marco teórico de la razón Capital Humano/Suerte.  Por ejemplo, no cabe esperar que en Colombia se generen políticas tributarias muy progresistas, cuando la propia percepción de inequidad es más bien baja, aún entre los mejor informados.
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