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Bicicleta: intermodalidad y conexión del transporte público

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Sebastián Vega Pinzón

Las ciudades de Colombia viven una crisis de movilidad. De acuerdo con el Índice Global de Tráfico INRIX, en 2018, Bogotá, Medellín y Cali ocupaban el tercer, vigésimo quinto y vigésimo noveno puesto, respectivamente, entre 220 urbes con más congestión del mundo.

Estas cifras son ocasionadas, en su gran mayoría, por la dependencia de nuestra sociedad con el carro particular, sumado a una falta de planeación en transportes masivos, dignos y sostenibles. Estos últimos, además, enfrentan problemas sociales, de seguridad, culturales y financieros que no los hacen atractivos para la población.

Construidos en los últimos 20 años, los sistemas de transporte masivo como BRT, metros y cables han ayudado mitigar los problemas de movilidad, pero se han quedado cortos a la hora de lograr suplir las necesidades reales de las poblaciones, por ejemplo, la falta de cobertura en la “última milla”, que son recorridos menores a 1,6 kilómetros de distancia. En parte se debe a que no hay intermodalidad, producto del difícil acceso a los barrios por condiciones geográficas y de infraestructura, la falta de dinero para un pasaje extra o la inexistencia de transporte. Por ejemplo, los alimentadores y buses zonales no han sido suficientes para cubrir la demanda sectorial, tienen rutas largas e ineficientes y los corredores donde se movilizan están colapsados por el tráfico. Esto se traduce en más tiempo y costo por viaje, fomentando la movilidad individual y uso irracional del automóvil y transportes piratas.

Sin embargo, estos retos se convierten en oportunidades para otros vehículos. Por ejemplo, la bicicleta, que día a día se está abriendo espacio que por muchos años se le negó dentro de la movilidad, con la capacidad de enlazarse con el transporte público, hacer trayectos cortos en menor tiempo e inversión pública y bajo consumo de energía.

Por eso, algunas estrategias púbicas y privadas para que los usuarios puedan llegar o terminar su viaje en bicicleta, ya se está utilizando en algunas ciudades. En Bogotá, el sistema de transporte masivo cuenta con 5.260 cupos de cicloparqueaderos y se proyectan 10.000 más en la construcción del metro. Además, se permite el ingreso de bicicletas, inicialmente plegables.

En el sistema Metro de Medellín se puede acceder en bicicleta entre sus líneas A y B con unos horarios restringidos, ocho estaciones cuentan con cicloparquederos, y el Sistema de Bicicletas Públicas Encicla tiene 59 estaciones de préstamo con 1300 bicicletas. Cerca de 80% está en cercanías a las estaciones del Metro. Las últimas instaladas en agosto de 2019 en Berrio y San Antonio, dos de las paradas más importantes.

En Cali se realizó un piloto con 100 bicicletas interconectando la estación “Universidades” del Sistema Mío, con el sector universitario del sur de la ciudad. Se realizaron 2150 viajes en cinco meses. Así mismo, este sistema de transporte masivo cuenta con 827 cicloparqueaderos, según estudios del Observatorio de Movilidad Sostenible de Cali. Y en Manizales, se han habilitado ocho estaciones de bicicletas públicas aledañas a la red de Cable Aéreo y 10 busetas de transporte público y 25 taxis cuentan con soporte para bicicletas.

De la misma manera, la Nación ha venido estableciendo leyes y decretos para que los sistemas de transporte masivo promuevan la intermodalidad y fomenten el uso de transportes sostenibles, como la Ley 1753 de 2015, que indica que los vehículos no motorizados puedan alimentar el transporte público. O el Decreto 2060 de 2015, que reglamenta los Sistemas Inteligentes de Transportes, así como el Plan Nacional de Desarrollo 2018- 2022, que contempla acciones para haya una diversificación en el transporte.

Sin embargo, es importante hacer un llamado para que se cumpla de manera estricta la Ley 1811 “Ley Pro Bici” de 2016. Esta expone el papel de la bicicleta en la intermodalidad y las obligaciones de las entidades nacionales para facilitar la integración de esta con el transporte público, como por ejemplo un pasaje gratuito por la validación de 30 usos del biciparqueadero, incentivo a la instalación y uso de portabicicletas, así como esquemas de estacionamientos seguros y adecuados en el de transporte masivo.

En Colombia, como se ha demostrado en las principales ciudades del mundo, la bicicleta es una de principales soluciones para conectar a la población con la red de sistemas de transporte masivo. Existe una gran oportunidad para continuar con los esfuerzos y robustecer las estrategias que en algunas urbes del país se están adelantando, con inversiones bajas y grandes impactos positivos. Hay que seguir trabajando conjuntamente entre la sociedad civil y el Gobierno para saldar la deuda histórica con el transporte público, implementando sistemas de transporte de calidad, incluyentes, que promuevan la movilidad sostenible y que faciliten el acceso de manera equitativa para todos los colombianos.

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