Analistas

Una tarea pendiente

Las ventajas de la Educación Financiera (EF) han sido ampliamente estudiadas por distintos organismos internacionales. A nivel individual, permite que las personas tomen decisiones responsables en el manejo de sus recursos, estén preparadas para enfrentar situaciones económicas adversas y se protejan adecuadamente de los riesgos a los que puedan estar expuestos. A nivel agregado, la EF se traduce en mayores niveles de ahorro e inversión, con sus consecuentes efectos en materia de crecimiento económico.

Es por ello que muchas organizaciones insisten en la necesidad de implementar programas de EF en todas las instituciones educativas, especialmente desde los primeros cursos de primaria. Esta recomendación toma especial relevancia si consideramos que forjar buenos hábitos es un proceso que requiere tiempo, esfuerzo y constancia, por lo que resulta de suma importancia empezar a inculcar buenos hábitos financieros a una edad temprana, desde el mismo momento en que los niños comprenden que toda acción tiene una consecuencia.

Entendiendo la trascendencia de este asunto, desde 2012 el sector financiero, de la mano con el Ministerio de Educación Nacional, ha hecho múltiples esfuerzos para incorporar la EF como una asignatura adicional y/o transversal en el plan de estudios de todos los colegios del país. Si bien la alianza desarrollada entre ambas partes ha permitido avanzar en el desarrollo de metodologías e insumos de trabajo que pueden ser de utilidad para los docentes a la hora de articular la educación económica y financiera a su proyecto educativo, lo cierto es que en la práctica el avance ha sido marginal.

El Gobierno no ha tomado las acciones necesarias para garantizar la incorporación de estos programas en el currículo educativo. Hoy, a pesar de la ingente labor del sector financiero, la EF aún no hace parte explícita del Plan Nacional de Desarrollo. Los resultados de las pruebas aplicadas tanto a nivel internacional como local revelan la verdadera problemática: nuestros jóvenes tienen nociones muy básicas sobre el manejo adecuado de los recursos, un hecho que limita la consecución de metas financieras hacia el futuro y los hace vulnerables a cualquier situación adversa que implique una reducción o pérdida temporal de ingresos.

Ante este desalentador panorama, existen experiencias internacionales exitosas que invitan a plantearse la posibilidad de abordar la problemática desde otro ángulo. En Brasil, por ejemplo, la EF hace parte del modelo educativo formal. Mediante un decreto presidencial en 2010, la Estrategia Nacional de Educación Financiera logró movilizar en ese país diversos sectores económicos mediante la representación de organizaciones públicas y privadas hacia el desarrollo de acciones efectivas que permitan crear conciencia de la importancia del manejo de las finanzas personales y brinden las herramientas necesarias para que los ciudadanos tomen decisiones responsables a lo largo de sus vidas.

Los resultados, después de haber implementado el programa de EF en las escuelas, son ilustrativos: los beneficiados por el programa vieron mejoras considerables en el conocimiento y la actitud hacia el manejo de los recursos, especialmente en materia de ahorro y gasto.

Son estos resultados los que deben impulsarnos a seguir trabajando con ahínco por la inclusión de la EF dentro de las prioridades de política pública, de manera transversal en los currículos educativos. Tenemos un gran compromiso con las generaciones futuras, y ello demanda acciones concretas y decididas en este frente.