Analistas

Una decisión acertada

En medio del difícil proceso de recuperación de la economía colombiana, la junta directiva del Banco de la República decidió, de forma acertada, reducir la tasa de interés de intervención en 25 puntos básicos, llevándola a niveles de 7%.  Sin embargo, dado el rezago en el mecanismo de transmisión de la política monetaria en Colombia y la necesidad de generar alertas tempranas (como lo señalé en mi columna pasada), pareciera ser que ahora el debate sobre el rumbo de la política monetaria ha pasado a girar en torno a la profundidad y velocidad del ajuste de la tasa repo. 

En efecto, el grueso del mercado sugiere que para lograr crecimientos económicos en torno a 2,2%-2,5% para 2017, es decir, para crecer levemente por encima del lánguido desempeño de 2016, se requiere que la tasa de intervención llegue a niveles de 6% antes de finalizar el tercer trimestre de este año. Este proceso de ajuste, sin duda, tornaría menos restrictivas las condiciones monetarias para estimular el crédito y la inversión. 

Y es que, en este sentido, bien vale la pena señalar que preocupa cómo los niveles de inversión se han venido erosionando en el último lustro. Así, mientras el país gozó de una relación inversión a PIB cercana a 30% durante 2013-2014, al cierre de 2016 dicho ratio bordeó apenas 27%, una situación que ha puesto seria presión sobre el crecimiento potencial de la economía, que en tan solo dos años se redujo en cerca de un punto porcentual. 

Esta rápida caída en nuestro potencial plantea no solo la urgencia de generar acertados estímulos monetarios (desde luego prudentes con los ritmos de desinflación), sino la necesidad de estimular la economía por otros canales. La reactivación del aparato productivo, hay que decirlo, trasciende los alcances de la política monetaria; debemos con urgencia focalizar esfuerzos en configurar una estructura económica que potencie nuestra competitividad. 

Si bien en lo corrido de la última década Colombia ha subido siete puestos en la calificación mundial de competitividad gracias al desarrollo del mercado financiero, la capacidad tecnológica y la fortaleza macroeconómica, persisten aún sendos retos en materia de desarrollo institucional, logística y consolidación de mercados que tendrán que ser superados.

Dentro de las medidas que permitirán mejorar la competitividad y estimular la inversión, resalta quizás la importancia de: i) dinamizar los avances en materia de infraestructura y logística, ii) disminuir los niveles de corrupción en el sector público y aumentar la apropiación de códigos de gobierno corporativo en el sector privado; ii) reducir las altas tasa de tributación empresarial y la tramitología y iii) fortalecer el sistema educativo y de salud.

Sin mejoras en estos frentes, y sin avances más expeditos en materia de reducción de la pobreza, no solo seguiremos experimentando dificultades para reactivar la economía, sino que tampoco conseguiremos dinamizar los canales de inversión para alcanzar las anheladas tasas de inversión/PIB en torno a 32%-34%, y recuperar aquellos ritmos de crecimiento potencial en torno a 5%-5,5%.

En resumen, en medio de la dificultad que está revistiendo el proceso de reactivación de la economía, donde preocupan las débiles señales en materia de actividad comercial e industrial, así como el deterioro en los niveles de confianza, resulta por supuesto acertada la senda bajista que parece haber retomado el Banco de la República. Será necesario, no obstante, profundizarla si queremos cumplir con nuestras metas de crecimiento de corto plazo y generar una sana reactivación de la cartera que permita dinamizar el desarrollo y la creación de empleo.  

Sin embargo, las políticas monetarias expansivas podrán ser inocuas si no van acompañadas desde ya de una política económica integral que priorice, entre otros aspectos, en los pilares de competitividad nacional menos desarrollados. Es este correcto engranaje el que nos permitirá continuar avanzando hacia las conquistas económicas y sociales que tanto requiere Colombia.