Analistas

Una cruda radiografía

A pocos días de conocer el dato de crecimiento de la economía colombiana durante el primer trimestre de este año, la incertidumbre sobre el grado de recuperación de la actividad productiva para el consolidado de 2017 luce elevada. Esta percepción se ha ido alimentando gracias al discreto comportamiento de los principales indicadores líderes a lo largo de los primeros meses de este año, un año que, en principio, prometía ser el punto de inflexión en materia de crecimiento económico después del periodo de desaceleración registrado desde 2014.

Sin embargo, más allá de las preocupaciones de corto plazo que pueden suscitar estas cifras, lo que parece inevitable es la reflexión sobre la verdadera capacidad de reacción estructural de nuestra economía. Persiste la inquietud de si la manera como estamos articulando nuestro aparato productivo realmente nos permitirá retomar con prontitud las otrora sendas de crecimiento en torno a 4,5%-5%.

Experimentar una senda de crecimiento vigorosa y sostenible requerirá, como lo han señalado diversas estimaciones, tasas de inversión superiores a 30% del PIB, de las cuales infortunadamente hemos ido tomando distancia. Es este marco de reflexión el que nos permitirá identificar medidas de política que abonen un terreno fértil para avanzar hacia la consecución de estándares de desarrollo cercanos a los del primer mundo.

Nuestros lastres en materia de competitividad, hay que subrayarlo, se han convertido en un claro limitante en estos procesos. Y es que sin mejoras en la capacidad competitiva de nuestro aparato productivo no parece factible propiciar condiciones efectivas que impulsen la inversión y que nos permitan expandir nuestras fronteras de producción.

Las distintas evaluaciones internacionales y locales siguen evidenciando sendos rezagos frente a nuestros pares regionales en elementos determinantes de nuestra competitividad. En materia logística, en particular, Colombia continúa evidenciando uno de los mayores desafíos. En efecto, de acuerdo con el Índice de Desarrollo Logístico del Banco Mundial, en 2016 Colombia presentó el nivel de capacidad logística más bajo desde 2010, perdiendo 22 posiciones en el escalafón internacional en la última década y configurando el mayor componente de rezago con respecto a nuestros pares de la Alianza del Pacífico.

Resulta inconcebible que hoy, a cinco años de la entrada en vigencia del TLC con Estados Unidos, nos demos el lujo de no registrar avances en este frente. Para aprovechar las ingentes oportunidades del comercio exterior y los mayores niveles de demanda global, no bastará con habilitar preferencias, si nuestra estructura hace que los productores deban asumir, con respecto a nuestros pares, un mayor “costo país”, reflejado, por ejemplo, en mayores costos para hacer rastreo y seguimiento a las mercancías, así como en mayores costos y tiempos de importación y exportación.

Así las cosas, resulta fundamental ejecutar avances profundos en elementos críticos para fortalecer la estructura productiva y dinamizar el comercio internacional. Fortalecer, por ejemplo, el accionar de las aduanas, uno de los pilares de mayor atraso y causante de numerosos sobrecostos, será imperativo en este propósito.  Avanzar en materia de solidez institucional, agravada por la galopante corrupción, y en materia de eficiencia en el mercado de bienes, será también fundamental para dinamizar los mercados y la generación de valor agregado. Mientras no solucionemos como país este tipo de obstáculos, el atractivo de la economía colombiana se mantendrá acotado.